domingo, 2 de febrero de 2020

Fiesta de Nuestra Señora de la Candelaria y Presentación del niño en el Templo


La Candelaria es una fiesta popular celebrada por los católicos, que celebra la Presentación de Jesús en el Templo, la Purificación de la Virgen después del parto y la Virgen de la Candelariaadvocación mariana aparecida en Tenerife (Islas Canarias), al suroeste de España, en el siglo XV. Tiene lugar el 2 de febrero, Día de la Candelaria, y en algunos lugares (Canarias, Pedrera, Palencia, Valls…) se extiende durante varios días, generalmente por ser la patrona del lugar.

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Principales actos de las Fiestas de Candelaria

Las Fiestas de la Virgen de Candelaria se celebran dos veces al año, en febrero y en agosto, ambas poseen gran participación y gran cantidad de actos, entre los principales destacan;
  • Febrero (Festividad Litúrgica)
    • 24 de enero: Misa de apertura de las fiestas de febrero, día de la conmemoración del aniversario de la designación del Santuario de Candelaria como Basílica menor.
    • Último fin de semana de enero: Marcha Infantil Misionera.
    • 1 de febrero: Procesión de Las Candelas.
    • 2 de febrero: Misa Pontifical y posterior procesión.
    • 3 de febrero: Misa y procesión de San Blas.
  • Agosto (Festividad Popular)
    • Primera semana de agosto: Lectura del Pregón.
    • 14 de agosto: Ceremonia del Hallazgo de la Virgen y posterior procesión.
    • 15 de agosto: Solemne Misa Pontifical y posterior procesión. Por la noche Romería Ofrenda de las Islas Canarias a su patrona.
    • Domingo siguiente al 15 de agosto: Octava de la Virgen, misa de acción de gracias y posterior procesión.

Chile

También en la ciudad de Copiapó en el norte de Chile se celebra a la Virgen de la Candelaria con bailes religiosos, mucho fervor popular ya que en su día más álgido llega a convocar a las de 150.000 personas en los alrededores del templo que se ubica en la salida sur de la ciudad.
En Carelmapu la celebración de la candelaria más grande del sur de Chile, y con un carácter especial, esto por que los buzos, hombres de mar, acompañan a la virgen en la procesión, para que ella los acompañe en su vida diaria y los traiga de regreso a casa sanos y salvos.
Finalmente, en la localidad de Candelaria de la Comuna de Quellón, en la Isla de Chiloé, existen registros orales de la celebración que datan desde antes de 1900.

Fuente: Wikipedia.

sábado, 1 de febrero de 2020

Sobre la Santa Misa tradicional


CARTA APOSTÓLICA

EN FORMA DE MOTU PROPRIO

SUMMORUM PONTIFICUM
DEL SUMO PONTÍFICE 


BENEDICTO XVI


Los sumos pontífices se han preocupado constantemente hasta nuestros días de que la Iglesia de Cristo ofreciese a la Divina Majestad un culto digno de «alabanza y gloria de su nombre» y «para el bien de toda su Santa Iglesia».
Desde tiempo inmemorial, y también para el futuro, es necesario mantener el principio según el cual, «cada Iglesia particular debe concordar con la Iglesia Universal, no sólo en cuanto a la doctrina de la fe y los signos sacramentales sino también en cuanto a los usos universales aceptados por la tradición apostólica y continua. Éstos han de observarse no sólo para evitar errores, sino también para transmitir la integridad de la fe y para que la ley de la oración de la Iglesia se corresponda a su ley de la fe.[1]
Entre los pontífices que tuvieron esa preocupación resalta el nombre de San Gregorio Magno, que hizo todo lo posible para que se transmitiera a los nuevos pueblos de Europa tanto la fe católica como los tesoros del culto y de la cultura acumulados por los romanos en los siglos precedentes. Ordenó que fuera definida y conservada la forma de la Sagrada Liturgia relativa tanto al Sacrificio de la Misa como al Oficio Divino, en el modo en que se celebraba en la Urbe. Promovió con la máxima atención la difusión de los monjes y monjas que, actuando según la regla de San Benito, siempre junto al anuncio del Evangelio, ejemplificaron con su vida la saludable máxima de la Regla: «Nada se anteponga a la obra de Dios» (cap. 43). De esa forma, la Sagrada Liturgia, celebrada según el uso romano, no solamente enriqueció la fe y la piedad, sino también la cultura de muchas poblaciones. Consta efectivamente que la liturgia latina de la Iglesia en sus varias formas, en todos los siglos de la era cristiana, ha impulsado en la vida espiritual a numerosos santos y ha reforzado a tantos pueblos en la virtud de la religión y ha fecundado su piedad.
En el transcurso de los siglos, muchos otros pontífices romanos han mostrado una particular solicitud para que la Sagrada Liturgia manifestara de la forma más eficaz esta tarea. Entre ellos destaca san Pío V, que animado por gran celo pastoral tras la exhortación de Concilio de Trento, renovó todo el culto de la Iglesia, revisó la edición de los libros litúrgicos enmendados y, «renovados según la norma de los Padres», los puso en uso en la Iglesia Latina.
Entre los libros litúrgicos del rito romano, resalta el Misal Romano, que tuvo su desarrollo en la ciudad de Roma, y que, poco a poco, con el transcurso de los siglos, tomó formas que tienen gran semejanza con las vigentes en tiempos más recientes.
«Este mismo objetivo fue perseguido por los Romanos Pontífices a lo largo de los siglos siguientes, asegurando la puesta al día, definiendo los ritos y los libros litúrgicos, y emprendiendo, desde el comienzo de este siglo, una reforma más general». [2] Así actuaron nuestros predecesores Clemente VIII, Urbano VIII, san Pío X, [3] Benedicto XV, Pío XII y el beato Juan XXIII.
En tiempos recientes, el Concilio Vaticano II expresó el deseo de que la debida y respetuosa reverencia respecto al culto divino se renovase de nuevo y se adaptase a las necesidades de nuestra época. Movido por este deseo, nuestro predecesor, el Sumo Pontífice Pablo VI, aprobó en 1970 para la Iglesia latina los libros litúrgicos reformados, y en parte renovados. Éstos, traducidos a las diversas lenguas del mundo, fueron acogidos de buen grado por los obispos, sacerdotes y fieles. Juan Pablo II revisó la tercera edición típica del Misal Romano. Así, los Romanos Pontífices se han ocupado de que «esta especie de edificio litúrgico (...) apareciese nuevamente esplendoroso por dignidad y armonía». [4]
En algunas regiones, sin embargo, no pocos fieles adhirieron y siguen adhiriéndose con mucho amor y afecto a las anteriores formas litúrgicas, que habían impregnado su cultura y su espíritu de manera tan profunda, que el Sumo Pontífice Juan Pablo II, movido por la preocupación pastoral respecto a estos fieles, en el año 1984, con el indulto especial «Quattuor abhinc annos», emitido por la Congregación para el Culto Divino, concedió la facultad de usar el Misal Romano editado por el beato Juan XXIII en el año 1962; más tarde, en el año 1988, con la Carta Apostólica «Ecclesia Dei», dada en forma de Motu Proprio, Juan Pablo II exhortó a los obispos a utilizar amplia y generosamente esta facultad en favor de todos los fieles que lo solicitasen.
Después de la consideración por parte de nuestro predecesor Juan Pablo II de las insistentes peticiones de estos fieles, tras haber escuchado a los Padres Cardenales en el consistorio del 22 de marzo de 2006, y haber reflexionado profundamente sobre cada uno de los aspectos de la cuestión, invocando al Espíritu Santo y contando con la ayuda de Dios, con las presente Carta Apostólica establecemos lo siguiente:
Art. 1.- El Misal Romano promulgado por Pablo VI es la expresión ordinaria de la «Lex orandi» («Ley de la oración»), de la Iglesia católica de rito latino. No obstante, el Misal Romano promulgado por san Pío V, y nuevamente por el beato Juan XXIII, debe considerarse como expresión extraordinaria de la misma «Lex orandi» y gozar del respeto debido por su uso venerable y antiguo. Estas dos expresiones de la «Lex orandi» de la Iglesia en modo alguno inducen a una división de la «Lex credendi» («Ley de la fe») de la Iglesia; en efecto, son dos usos del único rito romano.
Por eso es lícito celebrar el Sacrificio de la Misa según la edición típica delMisal Romano promulgado por el beato Juan XXIII en 1962, que nuunca se ha abrogado, como forma extraordinaria de la Liturgia de la Iglesia. Las condiciones para el uso de este misal establecidas en los documentos anteriores «Quattuor abhinc annis» y «Ecclesia Dei», se sustituirán como se establece a continuación:
Art. 2.- En las Misas celebradas sin el pueblo, todo sacerdote católico de rito latino, tanto secular como religioso, puede utilizar tanto el Misal Romano editado por el beato Papa Juan XXIII en 1962 como el Misal Romano promulgado por el Papa Pablo VI en 1970, en cualquier día, exceptuado el Triduo Sacro. Para dicha celebración, siguiendo uno u otro misal, el sacerdote no necesita permiso alguno, ni de la Sede Apostólica ni de su Ordinario.
Art. 3.- Las comunidades de los Institutos de vida consagrada y de las Sociedades de vida apostólica, tanto de derecho pontificio como diocesano, que deseen celebrar la Santa Misa según la edición del Misal Romano promulgado en 1962 en la celebración conventual o «comunitaria» en sus oratorios propios, pueden hacerlo. Si una sola comunidad o un entero Instituto o Sociedad quiere llevar a cabo dichas celebraciones a menudo o habitualmente o permanentemente, la decisión compete a los Superiores mayores según las normas del derecho y según las reglas y los estatutos particulares.
Art 4.- A la celebración de la Santa Misa, a la que se refiere el artículo 2, también pueden ser admitidos —observadas las normas del derecho— los fieles que lo pidan voluntariamente.
Art.5. § 1. En las parroquias donde haya un grupo estable de fieles adherentes a la precedente tradición litúrgica, el párroco acogerá de buen grado su petición de celebrar la Santa Misa según el rito del Misal Romano editado en 1962. Debe procurar que el bien de estos fieles se armonice con la atención pastoral ordinaria de la parroquia, bajo la guía del obispo como establece el can. 392, evitando la discordia y favoreciendo la unidad de toda la Iglesia.
§ 2. La celebración según el Misal del beato Juan XXIII puede tener lugar en día ferial; los domingos y las festividades puede haber también una celebración de ese tipo.
§ 3. El párroco permita también a los fieles y sacerdotes que lo soliciten la celebración en esta forma extraordinaria en circunstancias particulares, como matrimonios, exequias o celebraciones ocasionales, como por ejemplo las peregrinaciones.
§ 4. Los sacerdotes que utilicen el Misal del beato Juan XXIII deben ser idóneos y no tener ningún impedimento jurídico.
§ 5. En las iglesias que no son parroquiales ni conventuales, es compe­tencia del Rector conceder la licencia más arriba citada.
Art.6. En las misas celebradas con el pueblo según el Misal del beato Juan XXIII, las lecturas pueden ser proclamadas también en lengua vernácula, usando ediciones reconocidas por la Sede Apostólica.
Art.7. Si un grupo de fieles laicos, como los citados en el art. 5, § 1, no ha obtenido satisfacción a sus peticiones por parte del párroco, informe al obispo diocesano. Se invita vivamente al obispo a satisfacer su deseo. Si no puede proveer a esta celebración, el asunto se remita a la Pontificia Comisión «Ecclesia Dei».
Art. 8. El obispo, que desea responder a estas peticiones de los fieles laicos, pero que por diferentes causas no puede hacerlo, puede indicarlo a la Comisión «Ecclesia Dei» para que le aconseje y le ayude.
Art. 9. § 1. El párroco, tras haber considerado todo atentamente, puede conceder la licencia para usar el ritual precedente en la administración de los sacramentos del Bautismo, del Matrimonio, de la Penitencia y de la Unción de Enfermos, si lo requiere el bien de las almas.
§ 2. A los ordinarios se concede la facultad de celebrar el sacramento de la Confirmación usando el precedente Pontifical Romano, siempre que lo requiera el bien de las almas.
§ 3. A los clérigos constituidos «in sacris» es lícito usar el Breviario Romano promulgado por el Beato Juan XXIII en 1962.
Art. 10. El ordinario del lugar, si lo considera oportuno, puede erigir una parroquia personal según la norma del canon 518 para las celebraciones con la forma antigua del rito romano, o nombrar un capellán, observadas las normas del derecho.
Art. 11. La Pontificia Comisión «Ecclesia Dei», erigida por Juan Pablo II en 1988, sigue ejerciendo su misión. [5]
Esta Comisión debe tener la forma, y cumplir las tareas y las normas que el Romano Pontífice quiera atribuirle.
Art. 12. La misma Comisión, además de las facultades de las que ya goza, ejercerála autoridad de la Santa Sede vigilando sobre la observancia y aplicación de estas disposiciones.
Todo cuanto hemos establecido con esta Carta Apostólica en forma de Motu Proprio, ordenamos que se considere «establecido y decretado» y que se observe desde el 14 de septiembre de este año, fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, sin que obste nada en contrario.

Dado en Roma, en San Pedro, el 7 de julio de 2007, tercer año de mi Pontificado.


BENEDICTUS PP. XVI


NOTAS
[1] Ordenación General del Misal Romano, 3ª ed. 2002, n. 397.
[2] JUAN PABLO II, Carta. ap. Vicesimus quintus annus, 4 dicembre 1988, 3: AAS 81 (1989), 899
[3] Ibíd.
[4] S. PÍO X, Carta. ap. en forma de Motu proprio, Abhinc duos annos, 23 octubre 1913: AAS 5 (1913), 449-450; cf. JUAN PABLO II, Carta. ap. Vicesimus quintus annus, 3: AAS 81 (1989), 899.
[5] Cf. JUAN PABLO II, Lett. ap. en forma de Motu proprio Ecclesia Dei, 2 julio 1988, 6: AAS 80 (1988), 1498.

© Copyright Libreria Editrice Vaticana


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sábado, 28 de noviembre de 2009

ORACIONES A SAN MIGUEL ÁRCANGEL

La oración a San Miguel del Papa León XIII



En Octubre 13, 1884, el Papa León XIII, experimento una visión horrible. Después de celebrar la Eucaristía, estaba consultando sobre ciertos temas con sus cardenales en la capilla privada del Vaticano cuando de pronto se detuvo al pie del altar y quedo sumido en una realidad que solo el veía. Su rostro tenia expresión de horror y de impacto. Se fue palideciendo. Algo muy duro había visto. De repente, se incorporo, levanto su mano como saludando y se fue a su estudio privado. Lo siguieron y le preguntaron: ¿Que le sucede su Santidad? ¿Se siente mal?
El respondió: "¡Oh, que imágenes tan terribles se me han permitido ver y escuchar!", y se encerró en su oficina.



¿Qué vio León XIII? "Vi demonios y oí sus crujidos, sus blasfemias, sus burlas. Oí la espeluznante voz de Satanás desafiando a Dios, diciendo que el podía destruir la Iglesia y llevar todo el mundo al infierno si se le daba suficiente tiempo y poder. Satanás pidió permiso a Dios de tener 100 años para poder influenciar al mundo como nunca antes había podido hacerlo." (esta más que claro a que se referia con aquello del siglo pasado como el actual, en especial a partir de los años 60 en adelante).


También León XIII pudo comprender que si el demonio no lograba cumplir su propósito en el tiempo permitido, sufriría una derrota humillante. Vio a San Miguel Arcángel aparecer y lanzar a Satanás con sus legiones en el abismo del infierno.



Después de media hora, llamo al Secretario para la Congregación de Ritos. Le entrego una hoja de papel y le ordeno que la enviara a todos los obispos del mundo indicando que bajo mandato tenia que ser recitada después de cada misa, la oración que ahí el había escrito.





Oración:



"San Miguel Arcángel,
defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo
contra la perversidad y asechanzas
del demonio.
Reprímale Dios, pedimos suplicantes,
y tú Príncipe de la Milicia Celestial,
arroja al infierno con el divino poder
a Satanás y a los otros espíritus malignos
que andan dispersos por el mundo
para la perdición de las almas.
Amén."

(Aunque no es obligación, se puede continuar con gran provecho la práctica de rezar esta oración después de la Santa Misa como se hacía antes del Conc. Vat. II.)

miércoles, 17 de junio de 2009

Los Libros Litúrgicos


Se llaman libros litúrgicos a los que contienen las preces y ceremonias determinadas por la Iglesia católica para la administración de los Sacramentos, celebración de la Misa y ejercicio de las demás funciones sagradas.

En un primer momento las comunidades cristinas no contaban con libros litúrgicos. El período de la formación de los libros litúrgicos empieza en los primeros siglos. Tuvo un impulso particular durante la época carolingia, cuando Carlo Magno mandó hacer un sacramentario que poco a poco se fue extendiendo por todo el Imperio.

Los sacramentarios

El libro litúrgico de más importancia en la antigüedad era el Sacramentario, pues bajo este nombre se entendía una especie de Misal incompleto que reunía las preces u oraciones comunes para la confección de la Eucaristía y que fueron recopiladas y fijadas por los Sumos sacerdotes.... El sacramentario 'veronense' o 'leoniano' es una recolección de textos litúrgicos de diversas fuentes (por ejemplo, hay unos treinta formularios para la misa de san Pedro y san Pablo). Dado que la mayoría de las fórmulas provienen de tiempos del Papa León I el Magno ha tomado ese nombre. Está incompleto pues no ofrece textos para las celebraciones de Cuaresma, Pascua y tampoco el canon.

El sacramentario gelasiano atribuido impropiamente al Papa Gelasio I, se conserva en la Biblioteca Vaticana. Se sabe que fue elaborado en un monasterio cerca de París hacia el año 750. Contiene propuestas de misas para todo el año y para algunas otras celebraciones como ordenaciones sacerdotales y diaconales, penitencia, bautismo, etc. La base es la liturgia romana pero influida por oraciones y plegarias galicanas.

El sacramentario gregoriano llega a nosotros a través de las recopilaciones que se hicieron a fines del siglo VIII. Sin embargo, se trata de una colección de sacramentarios que se usaban ya en tiempos de Gregorio Magno. Sus textos son el modelo de las formas litúrgicas posteriores al Concilio Vaticano II debido a su sobriedad y sencillez.

Leccionario


Es el libro empleado en las celebraciones litúrgicas para proclamar textos de la Sagrada Escritura.

En los primeros tiempos del cristianismo, al inicio de las celebraciones, se leían los libros de los profetas y del Pentateuco pero no de manera sistemática ni según un orden dado por alguna autoridad. Seguramente se seguía el método de las sinagogas donde cada persona que pasaba a leer continuaba el texto desde donde se habían quedado la vez anterior. Ya en la Apología de Justino y en las Constitutiones apostolicas (del siglo III) se indica que tras la lectura de algún texto del Antiguo Testamento se procedía a leer alguna epístola o los hechos indicando expresamente que el evangelio era leído solo por el sacerdote o el diácono.

Los libros usados en este período eran transcripciones completas de los textos sagrados con indicaciones al margen para el día o el período en que debían ser usados. Por ello, se prepararon también listas o enumeraciones de los textos para encontrar más fácilmente la lectura que correspondía cada día. A estas listas se las llamó “Capitularia Evangeliorum” o “Capitularia lectionum”.

Durante el siglo IV y tras la formación todavía incipiente del calendario litúrgico, se comienza a elaborar una sistematización de los textos de acuerdo con los períodos y las fiestas. El texto de la peregrina Egeria (hacia el año 384) contiene una expresión de la admiración porque en las celebraciones litúrgicas de Jerusalén se hacen lecturas adaptadas al día y a la zona.

A partir de las colecciones de homilías de Ambrosio de Milán y Agustín de Hipona se ha podido reconstruir el leccionario en uso en aquellos tiempos. Para el pontificado de León Magno el leccionario se encuentra completamente fijado.

En el siglo VI nacen propiamente los leccionarios al realizarse libros para uso litúrgico con los textos de lecturas para cada día. Se incluían en ellos los textos del Antiguo y del Nuevo Testamento, pero el evangelio se colocaba aparte en libros llamados “Evangeliarios”.

Hacia el siglo XI los leccionarios comenzaron a desaparecer pues se publicaron libros que contenían toda la misa, incluidas las lecturas.

Después de la reforma litúrgica solicitada por el Concilio Vaticano II y teniendo en cuenta el mayor realce que se da en ella a la lectura de los textos, se comenzaron a imprimir nuevamente los leccionarios y evangeliarios de manera que pudieran ser usados en procesión al inicio de la Santa Misa.

Otros textos

el Antifonario, con los introitos, gradual, ofertorio, etc. Cuyo principal autor es el citado San Gregorio.
el Misal, que en un principio era el Sacramentario y que después fue completándose con los otros libros enumerados, hasta constituirse en Misal plenario hacia el siglo IX y quedar en esta forma, único para las iglesias menores. Actualmente, el Misal ya no es plenario, pues contiene las oraciones de la Misa, pero no las lecturas. Estas están recogidas en el Leccionario.
el Bendicional, que reúne las bendiciones de la Iglesia y se atribuye en gran parte a San Gregorio Magno
el Pontifical romano y el Ritual, que abrazan respectivamente las oraciones y prácticas de los obispos o de los párrocos en la administración de los Sacramentos que les incumbe.
el Liber oratorium u Officiarium, libro primitivo de rezo.
el Breviario, o libro del rezo eclesiástico para la Liturgia de las Horas, llamado así por haberse determinado en forma breve desde el siglo XI por San Gregorio VII y más aún por San Pío V en el siglo XVI
el Martirologio, que contiene la lista de santos canonizados con una breve reseña de cada uno, y que en forma sencilla viene de los primeros siglos de la Iglesia y que, reducido a un códice regular, data de San Jerónimo, siglo IV.
En España, se usaban durante los primeros siglos de la Reconquista libros litúrgicos según el rito mozárabe el cual no era sino la continuación del visigodo, fijado por San Isidoro en el Concilio IV de Toledo (año 633) y descendiente de tradiciones apostólicas. En el último tercio del siglo XI se abolió el rito mozárabe para toda España, sustituyéndolo por el romano, que mandó San Gregorio VII. Pero quedaron algunos restos de aquella liturgia inicial.

Una Reflexión sobre Summorum Pontificum y el Rol de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, antes y después de septiembre de 2007


Por Leo Darroch,
Presidente Ejecutivo de la Federación Internacional Una Voce

2 de junio de 2008

Desde la promulgación de Summorum Pontificum, en julio de 2007, ha habido una gran alegría entre aquellos fieles de la Iglesia Católica que desean conservar las tradiciones y proteger la tradición. No cabe duda que la declaración del Papa Benedicto de que el Misal de 1962 nunca había sido abolido, y la libertad que les ha garantizado a los sacerdotes del Rito Romano para celebrar esta forma de la Misa, ha producido un gran incremento en las celebraciones de este antiguo y venerable rito. Sin embargo, también está claro que la promulgación de este Motu Proprio ha llevado a formular muchas preguntas sobre la manera de la celebración y las rúbricas que se aplican al Misal revisado por el Bienaventurado Juan XXIII. Pareciera que hay algunos, incluidos varios obispos, que deliberadamente desean crear confusión y disenso para tratar de disuadir a los sacerdotes y a los fieles de beneficiarse de la solicitud del Santo Padre, e insisten que los desarrollos posteriores a 1962 (tales como la Comunión en la mano, y las mujeres servidoras del altar) son perfectamente válidos en las Misas celebradas de acuerdo al Misal de 1962. Por otro lado, están quienes tienen preguntas genuinas sobre lo que está permitido durante la celebración de la forma Extraordinaria de la Misa. Día tras día más preguntas inundan a la Comisión Pontificia Ecclesia Dei (PCED) con cartas pidiendo respuestas y aclaraciones; a tal grado que ha sido preparado un documento que busca aclarar estas materias de una vez por todas. Nos han aconsejado esperar pacientemente la publicación de este documento. Como dejo en claro en mi informe a la (PCED) del 29 de abril de 2008, creo que “Summorum Pontificum” (y Quattuor Abhinc Annos [QAA], y Ecclesia Dei Adflicta [EDA] antes) deberían ser interpretados de acuerdo a la mentalidad del Legislador en su deseo de compensar, entre otras cosas, lo que muchos Católicos tradicionales creen haber sido abusos de sus aspiraciones legítimas. Creo que aquellos que busquen modificar las directivas de “Summorum Pontificum” para incorporar los cambios posteriores a 1962 deberían informarse que ellos libremente puede avalar los del Novus Ordo en latín, en donde la mayoría de las adaptaciones ya están listas, o pueden ser adoptadas sin la menor dificultad. El Ordo de 1965 y la Missa Normativa de 1967 eran, por su propia naturaleza, sólo estados transitorios y temporarios y perdieron cualquier significancia particular una vez que fue publicado en 1969 la edición del Misal Romano por el Papa Pablo VI. No hay en consecuencia ningún sentido para animar la adopción de elementos de aquellos ordos como parte de una genuina y natural evolución del Misal de 1962, el cual sigue siendo la única expresión legítima de la forma Extraordinaria del Rito Romano, tal como es definida por Su Santidad el Papa Benedicto XVI.


Recientemente hubo una gran publicidad en torno a la carta expedida por la PCED en 1997 y firmada por su entonces Presidente, el Cardenal Felici, y por Monseñor Perl, el Secretario. Esta carta permite un cierto número de modificaciones a las celebraciones del Misal de 1962 en lo relativo a la Epístola, el Evangelio, Gloria, Credo, Pater Noster, y los Prefacios del apéndice del Missale Romanum de 1965 y de 1970. Éstas (modificaciones) han sido substituidas por las estipulaciones del “Summourm Pontificum”. Si el Supremo Pontífice hubiera querido previamente determinar la observancia litúrgica de alguna cláusula, lo hubiera establecido con razón en su Motu Proprio del 7 de julio de 2007. En el medio de toda esta confusión puede quizás darse alguna cuestión singular que explicar y pueda llegar así a constituir la respuesta a varias dudas irrelevantes, naturalmente, siempre vistas dentro del contexto.


El Santo Padre no podría haber sido más claro afirmando lo que entendía y entendiendo lo que afirmaba. Constantemente se refiere al Misal de 1962, o al Misal de 1970. No hay ninguna ambigüedad; se trata de una opción bien directa entre una cosa o la otra. No hay ninguna opción intermedia.


Con toda la autoridad de Pedro, el Supremo Legislador declaró “Nosotros Decretamos”. Luego declaró con relación al Misal del Bienaventurado Juan XXIII¬:
● que “se le debía dar debido honor por su venerable y antiguo uso” (art. 1);
● que el sacerdote puede usar “el Misal Romano promulgado por Juan XXIII en 1962, O (énfasis mío) el Misal Romano promulgado por el Papa Pablo VI en 1970” (art. 2);
● En las parroquias el párroco puede “celebrar la Misa de acuerdo al rito del Misal Romano publicado en 1962” (art. 5).

La única concesión otorgada por el Papa Benedicto en el Motu Proprio es el artículo 6 donde se declara: “En las Misas celebradas en presencia del pueblo de acuerdo al Misal del Bienaventurado Juan XXIII, las lecturas DEBEN (énfasis mío) hacerse en vernáculo, usando ediciones reconocidas por la Sede Apostólica”.


Por lo tanto la idea del Papa Benedicto en el Motu Proprio es muy clara, es o el Misal de 1970, o el Misal de 1962. Su Santidad sigue sosteniendo lo mismo en este tema en su Carta a los Obispos que acompaña el Motu Proprio. Manifiesta que “la última versión del Missale Romanum anterior al Concilio … en 1962 y usada durante el Concilio, será ahora usada como Forma extraordinaria de la celebración litúrgica”. También declara que “No hay ninguna contradicción entre las dos ediciones del Misal Romano”; y indica, una vez más, que mientras no hay ninguna contradicción, hay una distinguible diferencia entre los dos Misales.


Y ahora voy al nudo de mi argumento. Un indulto es un permiso, o privilegio, otorgado por una autoridad eclesiástica competente –la Santa Sede o los ordinarios locales según sea el caso– para una excepción hecha a una norma particular de la ley de la iglesia en un caso individual. Ambos documentos, Quattuor Abhinc Annos de 1984, y Ecclesia Dei Adflicta de 1988 fueron concedidos bajo la opinión generalizada de que el Misal de 1962 había sido abrogado (abolido) después de la publicación del Misal del Papa Pablo VI en 1970. Las motivaciones de QAA y EDA habrían sido muy diferentes. EDA (después de lo informado por la comisión de cardenales y obispos en el año 1986) pudo haber sido pro bono pacis pero esto no podría ser aplicado a QAA.


En su Carta a los Obispos el Papa Benedicto afirma:
“para el uso del Misal de 1962… quisiera poner la atención en el hecho que este Misal nunca fue abrogado y consecuentemente, en principio, estuvo siempre permitido”.

En Summorum Pontificum repite esto mismo con todo el peso de la ley y declara:
“…por lo tanto, se permite celebrar el Sacrificio de la Misa siguiendo la edición típica del Misal Romano promulgado por el Bienaventurado Juan XXIII en 1962 que nunca fue abrogado … Las condiciones para el uso de este Misal dadas por los documentos anteriores ‘Quattuor abhinc annos’ y ‘Ecclesia Dei’ son substituidas por las siguientes:” (art. 1)
Ambos indultos fueron substituidos en la medianoche del 13 de septiembre de 2007 cesando de tener fuerza de ley. Son redundantes, obsoletos.


El Papa nos ha dado dos afirmaciones muy claras: que el Misal de 1962 nunca fue abrogado, y que la Carta Apostólica “Summorum Pontificum” que ha dado el Motu Proprio reemplaza a los indultos QAA y EDA. La variedad de permisos/modificaciones otorgados por la PCED fueron garantizadas durante el período de los indultos. La lógica dicta por lo tanto que si el Misal 1962 nunca fue abolido y que el Santo Padre afirme que las condiciones puestas en los documentos anteriores (QAA y EDA) para el uso del Misal de 1962 son substituidas con efecto desde la medianoche del 13 de septiembre de 2007, entonces, todos los permisos, interpretaciones, relajaciones, modificaciones, y todo lo que surja del QAA y EDA deben también ser “substituidos” desde la medianoche del 13 de septiembre de 2007 y no ser ya más aplicados. El Papa ha aclarado la situación que ha existido desde 1970 y ha limpiado del pizarrón lo relativo a los indultos de 1984 y 1988. El 14 de septiembre de 2007 nos ha traído un nuevo comienzo en el entendimiento de la normativa, uno que se basa en principios jurídicos y no en la concesión de un privilegio.


Aceptado que todas las concesiones y privilegios que fueron otorgados bajo QAA y EDA quedan substituidos por la nueva ley, ¿cuál, es entonces, la posición actual? Más que claro está que hemos empezado un nuevo capítulo. Desde el 14 de septiembre de 2007 empezamos otra vez con el Misal de 1962 que no ha sido tocado, sin sufrir modificaciones o adaptaciones. En su Carta a los Obispos, el Papa Benedicto reconoce que algún cambió tendrá lugar, en lo cual él es muy específico, y habla de un tiempo futuro, no del pasado. Dice:
“nuevos Santos y algunos de los nuevos Prefacios pueden y deben ser insertados en el antiguo Misal. La Comisión Ecclesia Dei, en contacto con varios cuerpos devotos al usus antiquior, estudiarán las posibilidades prácticas en vista a ello”.


En efecto, ningún cambio puede hacérsele al Misal de 1962 hasta que la Comisión Ecclesia Dei implemente la voluntad del Santo Padre y consulte a los “varios cuerpos” afines al usus antiquior. Podría suponerse que la primer acción de la Comisión Pontificia sería el establecimiento de la lista de “cuerpos” a ser consultados; y recién cuando los “varios cuerpos” hayan sido identificados puodrá empezar el proceso de estudio sobre las posibilidades prácticas de insertar nuevos Santos y nuevos Prefacios. Deberíamos estar ingresando en un período de silenciosa diplomacia y consulta durante el cual el Misal de 1962 debería permanecer sin modificaciones. Involucrados en este proceso apropiadamente estructurado tendremos un gran número de beneficios. Aquellos que temen que el Misal de 1962 sea adulterado poco a poco, como pasó durante los 60’, deberían tener confianza que nada se cambiará hasta que tenga lugar un serio debate entre la PCED y los afines a la antigua tradición litúrgica latina, y la PCED será capaz de manejase en la tarea confiada por el Papa Benedicto XVI sin que se ahogue por las diarias solicitudes de aclaraciones en muchas materias, algunas de las cuales son triviales y sólo sirven para abrumar al equipo de la Comisión y desviarlo del trabajo más importante para el se lo ha destinado.

Foederatio Internationalis Una Voce

domingo, 14 de junio de 2009

¿Qué es Archicofradía de La Guardia de Honor del Sagrado Corazón de Jesús?



En los comienzos del año 1863, el deseo de glorificar al Corazón de Jesús inspiraba a una Religiosa del Monasterio de la Visitación de Bourg (Ain), Francia, la idea de santificar el deber de estado cotidiano por la ofrenda especial de una Hora de Guardia en reparación de los pecados, públicos y privados, por los cuales Nuestro Señor sufrió en su agonía y derramó su sangre en la cruz.

Gracias a esta piadosa práctica se establecería una cadena espiritual permitiendo a cada uno comprender mejor la solidaridad del género humano en el pecado y en la redención.

Los principios fueron modestos. El 13 de marzo de 1863, tercer viernes de Cuaresma, en que entonces se celebraba la fiesta de las Cinco Llagas de Nuestro Señor, la Hermana María del Sagrado Corazón Bernaud, diseñaba un cuadrante en el que figuraban las Horas de Guardia distribuidas entre las Religiosas de la Comunidad. Antes de finalizar aquel mes, tres miembros del clero y 18 fieles se unían a ella. Muy poco tiempo después, el Excmo. Sr. Obispo de Belley y otro Prelado daban su nombre a la Obra naciente.

El movimiento se extendió y el 9 de marzo de 1964, Mons. de Langalarie, Obispo de Belley, erigía en el Monasterio de la Visitación una Cofradía bajo el título de Guardia de Honor del Sagrado Corazón de Jesús.

El 7 de abril de 1865, apenas transcurridos dos años desde sus comienzos, un Breve Pontificio concedía a los Asociados siete años de indulgencia por la Hora de Guardia. El Beato Pío IX no se contentó con bendecir la nueva Obra, sino que formó también parte de ella, aprobada ya en cuarenta y cuatro Diócesis.

En fin, el 26 de noviembre de 1878, la GUARDIA DE HONOR, era erigida en Archicofradía para Francia y Bélgica. Seguidamente otras 19 Archicofradías nacionales han sido erigidas en otros tantos países. Y hoy día existe muy floreciente en España, Italia, Estados Unidos, Suiza, Inglaterra, México, Uruguay, Canadá, Alemania, Brasil, Portugal, Colombia, Chile, etc.

El título "Guardia de Honor" no tiene hoy, sin duda, las resonancias que evocaba hacia mediados del siglo diecinueve. Nuestra época es igualmente refractaria a cierta manera de enfocar la reparación. Pero puede suceder que haya en esto algunas ideas falsas y equivocadas.

Una "Hora de Guardia" se puede entender de una manera demasiado pasiva, como un soldado que, con el fusil al hombro, vigila la entrada de un Cuartel General. Pero se puede entender también, de una hora de servicio activísimo, hora de guardia de un telefonista que, en plena batalla, asegura la comunicación entre los jefes y sus tropas, o la jornada de guardia de un médico que, el Domingo, está atento a todas las llamadas que le puedan hacer. Las palabras pasan, pero las realidades que ellas nos indican, permanecen.

Si se comprende bien, la Hora de Guardia expresa muy sencillamente la idea que durante un corto espacio de tiempo, un cristiano, un religioso, un sacerdote, se esforzará por vivir más plenamente su unión con Cristo, no teniendo otra intención que la suya, otros pensamientos ni otros sentimientos, que los pensamientos y los sentimientos del Corazón de Jesús.

Las fórmulas adoptadas hasta el presente por la GUARDIA DE HONOR hablan de la "ofrenda" de una Hora de Guardia para santificar el deber de estado cotidiano. Traduciendo su significado para los hombres de nuestro tiempo, la ofrenda, análoga a la que hacen los Socios del Apostolado de la Oración, no es solamente una práctica de piedad, sino que debe informar toda nuestra vida. No se trata de atesorar horas de Guardia como se guardan en un cofre las onzas de oro, o como se hace un depósito en los fondos de cualquier Sociedad, sino de vivir intensamente su vida de todos los días, dándole una orientación profunda que la unirá a Cristo y nos hará corredentores.

En teoría, esto debería extenderse a toda la vida, sin interrupción ni división. Pero ¿quién puede lisonjearse de vivir así, sin desfallecer, de la mañana a la noche, desde el primer viernes de mes hasta el siguiente? Los teólogos discuten por saber cuántas veces será preciso hacer actos explícitos de caridad para que el mérito sea verdadero, con mayor razón podemos pensar que sólo los Santos pueden hacer de su vida una ofrenda continua.

Vivir una Hora de Guardia es, pues, tratar de probar a Nuestro Señor que se quiere pertenecerle totalmente, rescatarse a sí mismo por los méritos de la Pasión y contribuir a extender sobre el mundo los beneficios de la Redención. Una hora es mucho para quien comienza, es poco para quien avanza en la vida espiritual. La práctica de la Hora de Guardia conduce insensiblemente a orientar toda la jornada diaria hacia los intereses del Reino de Dios.

La Hora de Guardia es análoga a la práctica de retiro mensual o del examen diario. Tiene la ventaja de ser más exigente y más fiel. No pide ningún cambio en las ocupaciones, sino solamente que se tenga conciencia de nuestra unión con Cristo. De la necesidad de vivir en Él y por Él para llevar fruto. No solamente el soldado, el telefonista, el médico que antes nos han servido de ejemplo, sino la madre de familia, el obrero que lima el hierro o ensambla maderos, el labrador que siembra y cultiva la tierra, el albañil que construye, el ingeniero que inventa una máquina, pueden encontrar en esta práctica la ocasión de mayor santificación propia y un apostolado más auténtico.

Un cristiano no puede, en efecto, dispensarse de ser apóstol. La oración que no condujera al apostolado sería una oración sospechosa. El cumplimiento del deber de estado es el primer paso en este camino real, siendo mucho más costoso de lo que se piensa. Después se continúa por las diversas formas de apostolado de los laicos, especialmente por la Acción Católica que los últimos Papas no han dejado de recomendar. Pero cuanto más pretendamos hacer directo y eficaz nuestro apostolado, tanto más debemos vigilar a fin de que se mantenga profundamente sobrenatural. Es Dios quien tiene la iniciativa, Él nos llama a demostrar nuestro amor. Una Hora de Guardia pasada junto al Corazón de Cristo dará a las obras emprendidas una eficacia que difícilmente tendrían sin ella. Asociándonos en esta Hora al misterio de sus sufrimientos, nos llevará también a unirnos a los goces de su resurrección y a caminar en adelante bajo el soplo divino del Espíritu de Pentecostés.

Desde su origen esta Hora de Guardia ha sido ofrecida en espíritu de reparación. El pecado tiene múltiples aspectos: es desobediencia, ingratitud, negación al amor; pero constituye también un desorden espiritual cuyas consecuencias atacan a Cristo en sus miembros. Sería falso reducir la gravedad del pecado únicamente al mal que puede hacer al prójimo, cuando en verdad herimos más a menudo al Corazón de Jesús por nuestra actitud hacia nuestros hermanos. "Si me amáis - dice Jesús - guardad mis mandamientos". Y San Juan nos que dice por el amor al prójimo se pasa de la muerte a la vida. Reparar será, pues, tener conciencia de que el pecado es un desorden en nuestras relaciones con Dios, será tenerla también del desorden que introduce en el mundo.

Hacer la "Hora de Guardia", no será por lo tanto, solamente "ofrecer" esta Hora al Corazón de Jesús, sino vivir el deber de estado como el Señor nos pide vivirlo. Será cumplir nuestra misión de hombres, pero hacerlo tan bien que quede todo transformado y cada uno pueda decir en unión con sus semejantes: "Yo vivo, no, ya no soy yo el que vive, es Cristo en mí".

Si Cristo vive así en nuestros corazones. Si el Espíritu Santo, Espíritu del Padre y del Hijo, anima de este modo nuestra existencia; si relevándonos de hora en hora aseguramos una guardia vigilante sobre nosotros mismos y sobre el mundo que nos rodea, con los ojos fijos interiormente en el Señor, qué cadena de oración, de fe, de esperanza y de caridad se forjará contribuyendo a neutralizar y a contrarrestar poco a poco el desorden del mundo.

La reparación no será entonces un "sustitutivo" secundario de la verdadera vida, sino un espíritu que nos haga participar en todo momento de la Redención por la cual el Hijo de Dios ha reparado y repara aún un mundo destrozado, curando sus heridas, asumiendo y llevando a la perfección todas las riquezas naturales de este mundo.

Los Soberanos Pontífices han demostrado siempre su benevolencia y alentado a la GUARDIA DE HONOR. "Deseamos de todo corazón, escribían desde el Vaticano con ocasión del Centenario de la fundación de la obra (1963), que la práctica de la Guardia de Honor que puede ser tan útil al progreso interior de todos, simples fieles, militantes de Acción Católica, aún religiosos y sacerdotes, no pierda nada de su atractivo. La presencia frecuente de cada uno, a intervalos regulares, junto al Corazón de Jesús, lejos de ser incompatible con los trabajos apostólicos o formas actuales de piedad, puede ser un manantial poderoso para ellos, semejante al de las energías de que tiene necesidad cada sector de la actividad religiosa.

Después de Pío XII y Juan XXIII, por no citar sino a los más recientes, Pablo VI y Juan Pablo II se han dignado enviar su paternal Bendición apostólica a la Archicofradía.

En Santiago de Chile, la Guardia de Honor del Sagrado Corazón de Jesús fue erigida canónica-mente por el Ilmo. y Rvmo. Sr. Arzobispo, Dr. Don Mariano Casanova en la capilla del Monasterio de la Visitación el día 30 de mayo del año 1902. Gracias al celo de la Hna. Manuela Osorio la Archico-fradía tuvo una rápida expansión a partir de 1907, llegando a tener en el año 1949 casi diez mil asociados. Después de un período de decaimiento, la Hna. María Josefina García Huidobro reorganizó la Guardia de Honor en junio de 1990 con la ayuda y el empuje de un puñado de jóvenes entusiastas y amantes del Corazón de Jesús. Actualmente, la Archicofradía de Santiago, unida indisolublemente a la Orden de la Visitación, es dirigida por el Pbro. Milan Tisma.

lunes, 8 de junio de 2009

IGLESIA DE SAN IGNACIO DE LOYOLA DE SANTIAGO





Historia
IGLESIA SAN IGNACIO
(De los PP Jesuitas)

Historia y Arquitectura

El 15 de diciembre de 1867 se pone la primera piedra de la Iglesia San Ignacio. Años más tarde, el 17 de noviembre de 1872 es bendecida por el Obispo de Kansas City, Juan bautista Miege S.J., quien estaba de paso en Chile.

Fue diseñada y construida por el arquitecto italiano Eusebio Chelli. De estilo Neo-clásico sobre la puerta de entrada se colocó un lema en latín que dice:

Haec est domus Dei et porta coeli

“Esta es la casa de Dios y puerta del cielo”, invitando así, a toda persona para que se acerque con fe a Dios.

Es importante destacar que Eusebio Chelli diseñó y construyó también, el Templo de la Recoleta Dominica (ubicado en la Avenida Recoleta) y el palacio de la Embajada de Brasil ( ubicado a 2 cuadras hacia el poniente de la Iglesia).

ESTA IGLESIA HA SIDO CENTRO DE LA VIDA
RELIGIOSA DESDE 1872
Si miramos el templo desde el frente, podemos observar las torres que fueron proyectadas por Don Eugenio Joannon. Se edificaron entre 1899 y 1900. Tienen 47 metros de altura y pesan 20 toneladas cada una. La del lado izquierdo posee un reloj de cuatro esferas, fabricado en Bilbao, e instalado en 1901 por Evaristo Molina. La torre del lado derecho posee unas campanas que se deben tocar en forma manual. Deseaban los padres colocar en esta torre la enorme campana que adornaba la antigua Iglesia de los jesuitas, que fue destruida por un trágico incendio el 8 de diciembre de 1863, ubicada en los jardines del actual Congreso Nacional de Santiago. Con la intervención del Presidente Errázuriz y su ministro Don Aníbal Pinto, fue devuelta a los padres jesuitas, quienes la fundieron y formaron dos de las tres campanas que finalmente se ubicaron en dicha torre.

El cielo del interior de la Iglesia tiene unas maderas pintadas y un artesonado de estilo Neo- Clásico, que representan elementos vegetales estilizados.

ALTAR MAYOR

LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA
En el altar mayor encontramos la pintura de la Virgen María, obra realizada por el pintor Pietro Galiardi. María, como Madre de Jesucristo es Madre de la Iglesia, por encargo del Señor en la cruz. Por eso su imagen preside este Templo. Este altar mayor tiene un retablo dorado de estilo Neo- barroco. El presbiterio es la sección interior más nueva que tiene el Templo ya que allí se encuentra el nuevo altar justo bajo la cúpula que ilumina, desde el cielo, el interior.

SAN IGNACIO DE LOYOLA
Obra del pintor Francesco Grandi. Ignacio de Loyola era un hidalgo vasco, quien sintió, ya entrado en años, el ansia de entregarse a Jesucristo, primero en una vida penitente y ermitaña; y luego, como un misionero al modo de los apóstoles. Juntó un grupo de amigos y compañeros y fundó en 1534 la Compañía de Jesús, aprobada por el Papa en 1540. Se le representa cuando- como peregrino en viaje a Roma- recibe de Jesucristo que ‘la recibe’ en la intimidad de la trinidad Divina. Es la entrada del santo junto con sus compañeros a Roma, llevando las reglas de la Compañía al Papa.

SAN FRANCISCO JAVIER
Noble Navarro, a quien Ignacio lo convención de que se uniera a él para fundar con otros la Compañía de Jesús. Es el modelo ideal del jesuita y es el patrono espiritual de todos los misioneros católicos del mundo. Muere a los 46 años en la Isla de Sancián, frente a las costas de China. Sus restos descansan en Bombay (India)

SAN ALBERTO HURTADO

Obra del pintor Claudio Di Girólamo. Se preocupó especialmente de los jóvenes, de los pobres, de los pecadores. Fue canonizado por el Papa Juan Pablo II en 2005. En este mismo lugar existe una pequeña reliquia del santo y a un costado se ubica el confesionario que usaba el Padre Hurtado diariamente para confesar a tantas personas por más de una hora.

EL VÍA CRUCIS
El Vía Crucis que representa la pasión de nuestro Señor Jesucristo, fue pintado al óleo en Roma y regalado de Doña Felipa Ossa Ceroz. Adorna los muros de la Iglesia desde el 11 de mayo de 1914.

SAN MARIO
Las reliquias de San Mario, mártir del siglo III, estuvieron ocultas por muchos años en el interior de la Iglesia hasta que por casualidad fueron encontradas el 24 de junio de 1994. San Mario fue un mercader persa que peregrinó con su familia hasta Roma. Por su fe fue martirizado junto a su familia en las persecuciones que hicieron los romanos. Sus reliquias fueron traídas de Roma, de las catacumbas, en el siglo XVIII por el Padre Haymbhausen, ocultas dentro de esta imagen de cera que encargó en su tierra natal, Baviera. Estos restos fueron traídos especialmente para acrecentar su devoción en nuestro país. Se encuentran ubicados bajo el altar donde está la pintura de San Ignacio.

EL ÓRGANO
Otro elemento que permite la integración de la persona con el ambiente de reflexión y paz se vive al interior del templo es el gran órgano francés constituido por más de 2.200 tubos. Con sus 33 registros y sus 3 teclados manuales, este instrumento es uno de los más grandes de Santiago y el país.

LA CRIPTA FUNERARIA


Ningún documento nos cuenta cuándo fue construida. Sólo podemos afirmar cuándo la descubrimos. Fue en marzo de 1999. Su único acceso era desde la capilla llamada del “ Santo Cristo” ( antes, “ buena Muerte”). Este acceso fue misteriosamente bloqueado a fines del siglo XIX, embaldosándose encima. El hallazgo fue casual. Dentro se encontraron dos grandes cajones llenos de huesos ordenados y limpios, correspondientes a unas cuarenta personas y una botellita de vidrio que contenía el único documento, fechado en 1889 y formado por el Rector de entonces en él decía:

El abajo firmante, Rector del Colegio de San Ignacio de la Compañía de Jesús certifica que los restos contenidos en este cajón fueron hallados hace un mes en el osario de la bóveda de la antigua Iglesia de la Compañía que ocupaba el solar que hoy ocupan los jardines del Congreso que se está construyendo junto a la calle de la Bandera. Son restos de PP. Y HH. De la antigua Compañía.
Santiago, enero 16 de 1889. Antonio Garriga S.J.

En ella se encuentran también, reliquias de varios santos, entre ellos, San Ignacio.