viernes, 5 de junio de 2009

Repaso a la Liturgia tras el Concilio Vaticano II... aumentan las comunidades que quieren celebrar el Rito Tridentino

Cuando se habla de reforma litúrgica viene a la mente la idea de una renovación de los ritos, si bien esta idea no esta alejada de la realidad, lo que se busco realmente no fue innovar o crear nuevas liturgias sino volver a antiguas costumbres y tradiciones lo más cercano en el tiempo a la Iglesia apostólica, eso sí, sin desconocer las aportaciones de los concilios a través de toda la historia de la Iglesia Católica.


Introducción


La reforma litúrgica se tiende a ver así como el despertar de un largo letargo, pero fue este un despertar lento ya que desde la pérdida de las liturgias originales los intentos de volver a la misma se dieron durante mucho tiempo antes del concilio Vaticano II, siendo la reforma de la constitución “Sacrosanctum Concilium”, el culmen, final y principio de este largo proceso.


La liturgia es en donde la obra redentora realizada por Cristo continua en la Iglesia, por esta razón era tan importante recuperar estos ritos ya hace tanto tiempo perdidos, pues era la única forma de respuesta por parte de la Iglesia al proceso de secularización y desacralización en la cual la sociedad del siglo XX se veía inmersa.


La liturgia consta de una parte que es inmutable, por ser de institución divina, y de otras partes sujetas a cambio, que en el decurso del tiempo pueden y aun deben variar , pues es la única forma de mantenerse en el tiempo, respondiendo de esta forma a las necesidades del pueblo cristiano, de una Iglesia más cercana y adecuada para transmitir el evangelio.



Perdida de los orígenes litúrgicos


Hasta el concilio Vaticano II la liturgia católica venia arrastrando ya una larga historia en materia litúrgica, una liturgia que había sido moldeada según la época y la teología pues (ritos en su forma y estructuración obedecen a una necesidad social que no es extraña al pueblo cristiano) en los inicios del cristianismo sólo los gestos rituales instaurados por Jesús mismo son los que tenían importancia y aceptación en el seno de la comunidad cristiana, tales como el bautismo, la cena común (nuestra actual eucaristía) o la invocación de la divinidad, como lo es la oración del “Padre Nuestro”; Pero esto no se mantuvo durante mucho tiempo ya que la naciente comunidad se vio en la necesidad de adecuar y absorver tanto fiestas como celebraciones para poder llegar así a la masa de paganos que estaban fuera de la Iglesia y que no eran por tanto conocedores del mensaje evangélico.


Con el tiempo y en forma contraria a la intención que se tuvo en un principio, los ritos lejos de acercar entre si a los cristianos en una forma de alabanza común, degeneraron en una liturgia incomprensible para el vulgo, siendo en si ritos con poco sentido para la asamblea laica, que no pertenecía al orden sacerdotal, teniendo que contentarse con ser un mero espectador de los ritos oficiados por el sacerdote, el cual era el único con el conocimiento suficiente para comprenderlos en profundidad.


Desde sus inicios la Iglesia articuló y dio forma a estructuras que le permitieron mantenerse en el tiempo y organizar todo un funcionamiento que le ayudo a expandirse más allá de la Palestina de Jesús, con intención de llevar el mensaje a todos los pueblos de la salvación para todos los hombres. De las estructuras a las que se dio forma hay dos puntuales que tuvieron influencia directa sobre la liturgia: la estructuración dogmática y la formulación de una estructura jerárquica. Ambas tuvieron relevancia en la formación y transformación de los ritos que han llegado hasta hoy. Son ejes sin los cuales la liturgia no hubiera llegado a ser como la conocemos hoy en día.


De ambos ejes nombrados anteriormente el que tuvo grandes repercusiones, y ayudó sobremanera al alejamiento entre el pueblo cristiano y la liturgia, fue el de la estructuración dogmática. La Iglesia Católica, en su intento de mantener la ortodoxia y de defender la verdad en su lucha contra las herejías (arrianos, nestorianos, monofisistas, etc.), fue creando un gran universo de dogmas, es decir, verdades de carácter infalible que deben ser “aceptadas ahora y siempre” por obligación por el pueblo cristiano, manteniendo de esa forma el depositum fidei que le había sido confiado.


La práctica en la Iglesia por querer defender la verdad frente a las herejías y desviaciones doctrinales propagadas por ciertos grupos, hizo que se dejara de lado la preocupación por la liturgia como practica de unión de los cristianos. Esto llevó en algunos casos a la búsqueda de otros caminos por parte de la masa creyente, particularmente lo que dio en llamarse “piedad popular”, práctica que durante largo tiempo fue el camino más transitado hacia la divinidad que tuvieron los cristianos laicos. Sin embargo este fenómeno no fue indiferente a la jerarquía, que hizo uso de ella solo cuando fue necesario, como en la lucha contra el protestantismo o contra los católicos doctos de la ilustración.


Después de perdido el verdadero sentido de los ritos heredados por el pueblo cristiano se levantó un muro que no seria franqueado en mucho tiempo: la división entre liturgia del sacerdote y la del pueblo, entre teología y fe vivida.


Los dogmas eran verdades que al vulgo no le interesaban, tanto porque no repercutían profundamente en su vida, como así también por que le eran incomprensibles. Los fieles solo se apegan a las prácticas y, no intentan siquiera comprender los dogmas, incluso le son indiferentes, aun en el siglo XX un autor se quejaba, ¡Cuantos confunden todavía la Inmaculada Concepción de la Virgen Con el nacimiento virginal de Cristo!



A través de los siglos, se fue acentuando cada vez más la diferencia entre la liturgia del celebrante (sacerdote) y la del pueblo. Los creyentes, con el correr del tiempo y en vista de lo extraño e incomprensible de los ritos perdieron cierto interés en los mismos provocándose el proceso de “desacralización”, es decir, se perdió la noción de lo sagrado llevando así a la secularización de una parte de los cristianos.

Algunos hombres dentro del seno de la Iglesia fueron capaces de darse cuenta de lo dicho anteriormente y de la necesidad imperiosa de generar un cambio desde adentro y no esperar que se generara un cambio afuera, en la masa de creyentes que no parecían dispuestos a acercarse a una liturgia, que ya no los llenaba en plenitud. El desinterés por formar al pueblo en esta materia había provocado una respuesta en igual sentido hacia la liturgia.


La Iglesia necesitaba una reforma urgente, una adaptación; Esto según las necesidades por las cuales era increpada como ya había hecho en diversas épocas. Ya desde San Pablo, la Iglesia ha venido adaptándose constantemente; En un principio la catequesis a postulados de otras religiones (paganos), pasando por personajes como Orígenes y Santo Tomas de Aquino, en la conciliación del pensamiento griego y fe cristiana el primero y de repensar la dogmática en función de la filosofía aristotélica el segundo, llegando hasta el Concilio de Trento.


Mucho antes de que se pensase remotamente en la posibilidad de un concilio como el Vaticano II, en el año 1884 el benedictino Anselm Schott editó su “Misal para seglares”, cuyo fin era permitir al fiel seguir orando con el celebrante en forma silenciosa y en lengua vernácula. Esta iniciativa de Schott no fue con mucho la primera de este tipo. Hay que recordar en el siglo XVI a los monjes camaldulenses Pablo Justiniani y Pedro Querini, autores de “Libellus ad Leonem X”, que entre las numerosas reformas propuestas para revitalizar la liturgia estaba la del uso de la lengua vernácula en la celebración de los “Misterios”.


Mas o menos por la misma época la Iglesia Católica se veía enfrentada al problema que representaba la reforma protestante, ante la cual reaccionó con el Concilio de Trento, con motivo de las objeciones puestas por los reformadores en gran parten materia de liturgia, por lo cual, el concilio tuvo que ocuparse, en sus tres fases de cuestiones referentes a la liturgia y a la piedad popular, tanto bajo el aspecto doctrinal como cultual.


Lo que con las reformas a la liturgia surgida a partir de este concilio parecía tan positivo, tales como: la revisión del calendario y del rito romano o la creación de la “Sagrada Congregación de Ritos”, resultó no ser como se esperaba, ya que el culto adquirió una rigidez extrema, y parecía ser que la liturgia era algo exclusivamente jerárquica, separando aun más la liturgia del pueblo, que ya a estas alturas había afianzado su relación con la piedad popular como única forma de hallar un camino hacia Dios.


Los intentos para una reforma en el ámbito litúrgico no pararon ahí. La visión de algunos otros hombres, dentro de la Iglesia, mostraba que hacia falta de forma urgente un cambio para sobrevivir a los que se habían gestado en el entorno del catolicismo. A la iniciativa de Schott, aunque de forma independiente, se sumaban los congresos eucarísticos que en los lugares de lengua francesa se venían celebrando desde 1884, y que más tarde desde 1905, se comenzaron a celebrar también en otras partes. Uno de estos congresos, el de Malinas (1909), tuvo a bien expresar el deseo de de hacer del misal un libro de oraciones para los fieles.


El pontificado de Pío XII, fue sin duda, el que dio el impulso definitivo a todo el trabajo que se venia arrastrando en materia de reforma a la liturgia. De hecho, la promulgación del documento “Sacrosanctum Concilium”, en el margen del concilio, concluía iniciativas que se habían iniciado durante la segunda mitad del gobierno del citado pontífice.


Las iniciativas desarrolladas durante el pontificado de Pío XII tuvieron su cumbre en la promulgación de cuatro encíclicas: “Divino Afflante Spiritu” (1943), “Mystia Corporis” (1943), Mediator Dei” (1947) y, “Humani Generis” (1950). Fuera de estos cuatro documentos, hay dos hechos que son representativos durante el gobierno del citado pontífice en lo que a intentos de reforma se hrefiere: La renovación de la liturgia de la Vigilia Pascual (1951), y la reducción del ayuno eucarístico a tres horas (1957). El primero restauraba una antigua práctica cristiana, la de esperar durante la noche la resurrección de Cristo. El segundo hecho ponía como posibilidad a los fieles el poder comulgar en una misa vespertina.


Para antes de la llegada del concilio hay un hecho puntual que a simple vista parece ser insignificante, pero que allanó el camino para la futura reforma. Me hrefiero al hecho de la orientación ultramontana que se dio a la liturgia bajo el pontificado de Pío IX, orientación que era restauradora de la liturgia dictada por Roma, eliminando cualquier intento de orientación por otra vía. El cánon romano y la liturgia romana vinieron a considerarse como “hechura perfecta del Espíritu Santo” .


Este extraño proceso, y digo extraño porque ayudó a la reforma del concilio a la que se oponía en orientación, pues, precisamente atacaba y eliminaba cualquier intento de cambio por mínimo que fuera en la liturgia, puso una base sobre la cual más tarde estando la liturgia unificada trabajarían los padres conciliares.


Como bien dice Paul Johnson, la política (de la Iglesia) cambió en casi todos sus aspectos a partir de fines de 1958, cuando Angelo Roncalli sucedió Pío XII, con el nombre de Juan XXIII,y sin duda, tenia razón. Este Papa abrió las puertas de la Iglesia para cruzar él un muro que ya hacia años parecía infranqueable: el de la liturgia.


Cuando Juan XXIII llamó al concilio, sin duda, tenia en mente que las premisas estaban dadas para que se pudiera desarrollar un cambio en la vida de la Iglesia y de hecho así era, el entorno social solicitaba una adecuación para poder hacer frente a la crisis espiritual en la que muchos católicos se veían inmersos.






El Concilio




Después de la promulgación de la infabilidad papal se creyó innecesario la convocatoria de nuevos concilios, aunque desde Benedicto XV se consideró como una posibilidad convocar uno. Pero sin duda nadie pensó que un Papa que estaba alrededor de los setenta años y que era considerado un pontífice de transición después del largo papado de Pío XII, fuera capaz de convocar un concilio que cambiaría en forma radical el rostro de la Iglesia. Su nombre, Juan XXIII.


El 25 de Enero de 1959 Juan XXIII anunció su convocatoria a un concilio general de carácter ecuménico. Este concilio que seria conocido como Vaticano II (para demostrar que no era una continuación del inconcluso de Pío IX), fue el que entre sus muchos trabajos tuvo la delicada tarea de hacer una reforma en la liturgia.


Los trabajos en torno a la reforma litúrgica comenzaron con el pie derecho, por expreso deseo de Juan XXIII. Este seria el primer tema a tratar, que ya en el verano de 1962, al ser enviados los esquemas a los obispos que participarían en el concilio, tuvo una gran aceptación de todos los consultores que ya habían sido sensibilizados por el movimiento litúrgico.


Las discusiones sobre esta materia comenzaron el 22 de Octubre y, se extendieron hasta el 13 de Noviembre. Dentro de los debates salieron a flote olvidados datos sobre la comunidad cristiana en relación con la liturgia y también el de la fe entendida como parte de un todo, de la comunidad cristiana.


Lamentablemente y a pesar de todo el esfuerzo y del consenso logrado, con motivo de objeciones y enmiendas, el 19 de Noviembre se anunció que la conclusión del tema se dejaría para la posterior fase conciliar.


Efectivamente, con la conclusión del segundo periodo conciliar el día 4 de Diciembre de 1963, fue aprobada la constitución sobre sagrada liturgia “Sacrosanctum Concilium”, con la siguiente votación: 2147 votos a favor, 4 en contra y 1 abstención, lo que significó un reconocimiento muy amplio dentro del grupo de los padres conciliares.


El documento conciliar que fue aprobado siendo Papa Pablo VI tuvo su ultimo problema que superar precisamente con su promulgación, que estaba prevista como en el Concilio Vaticano I, pero dada la nueva conciencia eclesiológica dentro de la Iglesia esto no era viable bajo ninguna perspectiva. El Papa, consciente de esto optó por una fórmula que dejaba en claro que no era solo él quien promulgaba el documento sino el concilio en su conjunto.


Mientras el Concilio continuaba, ya promulgado el documento, el contenido del mismo pasaba de los Obispos a la Iglesia entera, lo cual implicaba la puesta en práctica desde ya de la reforma litúrgica; Pero por suerte esto no se transformó en un problema puesto que no había impedimento para hacerlo. Así el día 25 de enero, Pablo VI creo un “Concilium” especial, que se ocuparía de la puesta en práctica del contenido de la constitución. Mas tarde dicho concilium fue absorbido por la Congregación de Ritos, que era a quien correspondía legalmente dicho trabajo.


El documento conciliar “Sacrosanctum Concilium” significó un cambio radical para la Iglesia que comenzó a ser entendida por los fieles laicos como un “somos Iglesia”, esto tras tener una participación no imaginada antes en la liturgia.




El documento


Finalmente y después de los debates sobre los esquemas originales, y tras su redacción final la constitución sobre la sagrada liturgia “Sacrosanctum Concilium”, quedó estructurada de la siguiente forma: un proemio y siete capítulos, más un apéndice sobre un proyecto de revisión del calendario, además de numerosas subdivisiones dentro de los propios capítulos.





El carácter de renovación que impulsó este documento no tiene parragón en la historia de la Iglesia. Un ejemplo es que ya pasados veinticuatro años desde su publicación, el día 4 de diciembre de 1988, Juan Pablo II,publicó una carta apostólica, con motivo de la aplicación de la reforma litúrgica. Incluso hoy mismo la reforma suscita dentro de la Iglesia debates entre partidarios y detractores.


El documento (conciliar) permitía dar un salto sobre el muro que hace tanto tiempo se había interpuesto entre los fieles y el clero, al permitir el uso de la lengua vernácula y dejar de ser obligatorio el uso del latín, no solo en las oraciones sino también en toda la liturgia; en los cantos, las lecturas y en los misterios. Este cambio dentro de la liturgia que se vio principalmente por su mayor cercanía a los fieles, en la Misa, tiene su origen en la revisión de los libros litúrgicos como el documento ordena: Revísense cuanto antes los libros litúrgicos, valiéndose de peritos y consultando a Obispos de diversas regiones del mundo.


Seria extremadamente largo y cansado enumerar todas y una por una la gran cantidad de reformas y de iniciativas que se derivan del documento mismo, sin embargo, se pueden englobar principalmente en tres grupos:


a) La reforma de los ritos poniendo de manifiesto la importancia que la asamblea en si debe tener, convirtiéndose como en el caso de la Eucaristía en participantes activos y no pasivos.


b) Recuperación para los fieles de antiguas tradiciones o costumbres del cristianismo como el rezo del “Oficio Divino” o la reinstauracion del “Catecumenado”


c) Por ultimo y como consecuencia de las dos anteriores, la mayor participación de los fieles en las celebraciones litúrgicas derribando la barrera entre jerarquía y asamblea, creándose un sentimiento de que todos en conjunto “somos Iglesia”.






La Reforma Litúrgica


Al comparar la liturgia pre-conciliar con la actual salta a la vista el gran avance que lograron los padres conciliares con la promulgación del documento “Sacrosanctum Concilium”. Este cambio fue tanto de forma como de fondo transformando así la liturgia en algo más vivo y propio de la Iglesia en su conjunto, al ser participes todos con plegarias, gestos y silencios.


La traducción de Biblias, textos litúrgicos, misales, etcétera, a lengua vernácula representa, sin duda, el alcance más notorio de la reforma, ya que ponía fin a siglos de liturgia en latín, una lengua ya caída en desuso y que si bien es cierto mantenía una tradición entorpecía la comprensión de la liturgia en el pueblo, pues no tenia receptores preparados para recibirla, aplicarla a la vida y transmitirla.


No cabe duda que la Eucaristía ha sido la más afectada (en forma positiva) por los cambios impulsados por el Concilio Vaticano II, entre los cuales podemos nombrar el gran énfasis puesto en la liturgia de la palabra, las nuevas plegarias eucarísticas y la comunión bajo las dos especies. Estos cambios dentro de la Eucaristía resaltaron su dimensión eclesiológica al poner de manifiesto la importancia de la misma en la vida del cristiano, siendo con la vida comunitaria, la oración y la escucha de la palabra pilares fundamentales en la formación del individuo como un cristiano activo dentro de la Iglesia.


Las plegarias eucarísticas recogidas por el “Canon Romano” bajo el pontificado de Pablo VI comenzaron a hacer de la celebración de la Eucaristía algo mucho más cercano a la asamblea, que veía cómo las plegarias en su intento por identificarse con la misma habían sido estructuradas para convertir el pueblo cristiano en una “Ecclesia Orans”


La Misa en sus plegarias se reformó innovando, volviendo la atención a antiguas usanzas, a diversos tipos de celebración Eucarística, en especial a la de tipo alejandrino y antioqueno. La idea central fue juntar y uniformar las diversas plegarias para poder facilitar así la comunión de la Iglesia en general buscando una estructura de índole universal con la cual todos pudieran sentirse identificados. Si bien es cierto que se unieron distintas plegarias no se dejó de lado la preocupación por la posible mal interpretación de algunos gestos o palabras que no significan lo mismo en culturas diferentes, los cuales fueron corregidos en medio de los trabajos o en algunos casos hasta omitidos.


Finalmente la plegaria eucarística quedó de la siguiente forma: Aclamación; Anámnesis del Antiguo y Nuevo Testamento; Epíclesis para la consagración; Consagración;Anámnesis de los Misterios de Cristo; Ofrenda del sacrificio; Epíclesis de comunión; Intercesiones; Doxologia.


Esta reforma de la liturgia eucarística lejos de transformarla en algo nuevo y original, recogía resabios de antiguas tradiciones acercándola aun más a las fuentes originales.


La liturgia de la palabra como celebración de los fieles vino a instaurarse de dos formas: la primera dentro de la Misa en un orden anterior a la celebración Eucarística, pero íntimamente ligado a ella, y segundo como una celebración independiente preparada muchas veces por los mismos fieles en la selección de las lecturas y los cantos que han de acompañar a las mismas. La posibilidad de escuchar la palabra en la propia lengua abrió la posibilidad de una mayor profundización en la fe que ya no solo tendría como pilar las prácticas de piedad.


Después del concilio el bautismo de niños se inserta en el conjunto de la iniciación cristiana casi del mismo modo que antes del mismo, pero eso si con relevantes cambios dentro del ritual dando un paso importantísimo en el papel que padres y padrinos tienen con y para el nuevo bautizado. Se comenzó una especie de Catecumenado para padres en el cual se les instruía sobre las responsabilidades junto con los padrinos de la iniciación del niño en la vida cristiana. Esta preparación cumple también la función de dilación en el tiempo para comprobar los verdaderos motivos que llevan a los padres a solicitar el bautismo y a rectificarlos en el caso de que no sean los correctos. Se pone también especial énfasis en reforzar la fe, para que así pueda ser traspasada correctamente.


Este nuevo ritual de bautismo de niños se puede dividir en cuatro etapas: la acogida, la celebración de la palabra, el bautismo del infante y la despedida. Como se puede ver su estructura es sencilla, pero no por eso menos profunda ya que su totalidad esta basada en la doctrina bíblica sobre el bautismo.


Como la Escritura da pocos datos sobre ella, la Confirmación tiende a relegarse a un segundo plano, pero es en realidad un muy importante sacramento, a través del cual se traspasa el Espíritu Santo al iniciado.


La práctica de este sacramento ha variado según las épocas y las necesidades. El Concilio Vaticano II, no hace ni grandes aportaciones, ni importantes cambios en su estructura, pero confirma antiguas prácticas e ideas.


Siendo que en un principio este sacramento se confería junto con el bautismo y la Eucaristía, pasando posteriormente a estar entre ambos, desembocó hasta poco antes del Concilio en un lugar posterior a estos dos sacramentos, lugar que el mismo Concilio le confirmó dentro de la iniciación cristiana. El Concilio le confiere a este sacramento el carácter de don de fuerza para la lucha en la vida del cristiano; Es un sacramento íntimamente vinculado al testimonio.


Las posturas pastorales posteriores al Concilio tienden a retrasar este sacramento lo más posible en el tiempo, aunque eso sí, hay cierta tendencia a situarlo entre los 16 y 18 años, con una notable diferencia con lo que se venía dando antes del Concilio desde mas o menos el año 1910.


La confesión o sacramento de la reconciliación tuvo su lugar dentro de la reforma litúrgica, aunque eso sí con un perfil mas bien bajo. El ritual promulgado hace hincapié no solo en la confesión de los pecados sino en la conversión del individuo, en la reconciliación con Dios a través de un cambio de vida posterior a la absolución. No entraremos profundamente en lo que es el ritual, pero diremos que se divide en tres: ritual para un solo penitente, para varios penitentes con confesión individual y para absolución colectiva sin confesión individual.


El ritual para un solo penitente marca sobre todo la relación del hombre, como individuo pecador, con Dios. Por otro lado los rituales para varios penitentes marcan la dimensión social del pecado como así también el de la reconciliación; Se comienza a gestar en la mente de los fieles una dimensión eclesial de la reconciliación con Dios.


La restauración del Catecumenado por parte del Concilio Vaticano II está íntimamente ligado a la reforma litúrgica teniendo su culmen en la promulgación del “Ordo Initiatione Cristianae Adultorum”, que es, sin duda, el ritual donde más se hace notar el intento por volver a los orígenes.


Este ritual tiene su razón de ser en la necesidad de instruir en la fe a adultos que no han sido bautizados y que por tanto al estar en uso de razón solicitan a la Iglesia los sacramentos de la iniciación cristiana: Bautismo, Confirmación y Eucaristía.


Con el tiempo la Iglesia vió que la situación de muchos bautizados era prácticamente la misma que los no bautizados: vivían en una situación de neo-paganismo, ya sea por una deficiente o nula formación en la fe, lo que llevó en forma efectiva a replantearse el uso de este ritual para personas que quisieran redescubrir la fe y entrar en el seno de la Iglesia en un proceso de re-iniciación.


Después de esta hreflexión y en una especie de renacimiento de la Iglesia, pequeñas comunidades comenzaron a gestarse para vivir más intensamente la fe, en un “catecumenado” de formación, aunque realmente no se puede decir que estas comunidades de tipo catecumenal sigan fielmente las directrices del OICA, son sin duda parte de esta re-invención de la Iglesia. Estas pequeñas comunidades han sido el lugar donde la reforma litúrgica ha tenido una mayor y entusiasta acogida. Entre estas podemos nombrar: comunidades populares, comunidades eclesiales de base, comunidades carismáticas, focolares y comunidades diocesanas.


Las comunidades nacidas en España en la década del sesenta deben ser tomadas aparte, pues toman el OICA como ritual base para los ritos que marcan sus diversas etapas, y que con algunos añadidos pretenden ser en alguna forma una copia fiel del catecumenado antiguo. Este grupo de comunidades recibe el nombre de “neocatecumenales” por estar centradas en un nuevo catecumenado para personas ya bautizadas.


Todas estas comunidades que hemos nombrado son sin duda una parte importante de la reforma litúrgica, pues es en ellas donde se ha puesto en práctica con más fuerza, y en donde los frutos han sido más numerosos.


Desde muy antiguo uno de los llamados grandes tesoros de la Iglesia ha sido la oración, la cual en occidente con el tiempo había perdido su verdadero sentido y significado llevando a una especie de ignorancia en este arte al pueblo cristiano. Por esta razón Pablo VI, promulgó en el año 1970, la constitución apostólica “Laudis Canticum”, con la cual restauraba para el pueblo cristiano en general el uso del breviario como libro de oración para todo el año, poniendo en manos de los laicos una tradición ya hace mucho tiempo perdida y lamentablemente muy poco tomada en cuenta actualmente.


Con todos estos cambios la Iglesia volvió a sus fuentes, pudiendo así mirar el presente y también el futuro, nuevas tendencias dentro de la Iglesia en general comenzaron a poner en práctica la reforma, retomando el pueblo cristiano un antiguo camino hacia Dios, un camino que le pertenece por derecho propio.




El panorama de la Reforma hoy

Sin duda que lo positivo de la reforma litúrgica salta a la vista: la activa participación de los fieles en los ritos de la Iglesia post-conciliar, como así también en la nueva eclesialidad que comenzó a gestarse llevando a una nueva comprensión y ejecución de la Iglesia y sus ritos, pero también es cierto que las dificultades para poner en práctica esta reforma no fue su único obstáculo, sino que los excesos cometidos o la errada comprensión que se tuvo de la misma, obstruyendo una plena comunión en la Iglesia con respecto a los ritos. Por esta razón la promulgación del documento “Sacrosanctum Concilium”, es considerado por algunos como el origen de todos los abusos y desordenes que la Iglesia Católica Romana ha sufrido desde entonces en todos los campos.


Con el tiempo y como producto de una exagerada apertura a cambios dentro de la liturgia se comenzaron a cometer errores y malas interpretaciones, como la introducción de costumbres no cristianas, muchas veces no apoyadas en antiguos “Ordos”, como bien puede ser el ejemplo de la danza. Aunque estos errores no solo se han dado en la Eucaristía es en donde se han hecho más notorio.


La jerarquía eclesiástica no ha pasado por alto esto y ha hecho todo a su disposición para remediar esto y llevar a los fieles a una ortopraxis de la liturgia a través de instrucciones, encíclicas o de soluciones ad actum en algunos casos.


Juan Pablo II, el día 4 de Diciembre de 1988 con motivo del veinticinco aniversario de la constitución Sacrosanctum Concilium, promulgó una carta apostólica con un balance de la reforma litúrgica, en donde se queja de las aplicaciones erróneas de la misma como también de sus dificultades. El documento lamenta y critica tanto lo deliberadamente desfigurado y omitido como lo que por una buena voluntad pastoral también incurre en error, pues se constatan, a veces, omisiones o añadiduras ilícitas, ritos inventados fuera de las normas establecidas, gestos o cantos que no favorecen la fe o el sentido de lo sagrado, abusos en la práctica de la absolución colectiva, confusionismos entre sacerdocio ministerial, ligado a la ordenación, y el sacerdocio común de los fieles, que tiene su propio fundamento en el bautismo.


Como ya se ha dicho la gran mayoría de los abusos se han dado en el rito Eucarístico: malas interpretaciones del sentido del mismo, como así también en la estructuración de los ritos y desarrollo de la liturgia.


Sobre la plegaria eucarística y los abusos en ella la Iglesia advierte; No se puede tolerar que algunos sacerdotes se arroguen el derecho de componer plegarias eucarísticas.


Un ejemplo en cierto modo anecdótico es la práctica de la fracción de la hostia; una practica que hunde sus raíces en una comprensión más de banquete de la Eucaristía, en detrimento de su carácter de sacrificio incruento. Contra esta práctica también la Iglesia proclama que este abuso se realiza contra la tradición de la Iglesia .


Con motivo de la mayor participación y actividad de los laicos dentro de la misa se comenzó a cometer el error de querer en algunas funciones suplantar al sacerdote, como por ejemplo, en la plegaria eucarística, pero como la proclamación de la Plegaria Eucarística, que por su misma naturaleza es como la cumbre de toda la celebración, es propia del sacerdote, en virtud de su misma ordenación. Por tanto, es una abuso hacer que algunas partes de la Plegaria Eucarística sean pronunciadas por el diacono, por un ministro laico, o bien por uno solo o por todos los fieles juntos.







El ecumenismo dado después del concilio llevó a muchos a querer reemplazar la Misa por liturgias mixtas con fieles de otras profesiones cristianas, pero estas celebraciones y encuentros en si mismos loables en circunstancias oportunas, preparan a la deseada comunión total, incluso eucarística, pero no pueden reemplazarla.


Lamentablemente en su intento por querer defender una ortopraxis de la liturgia católica, la jerarquía de la Iglesia ha hecho algunos retrocesos en esta materia, y claramente, la esperanza de que al concilio seguiría un periodo de serena maduración y asimilación no se realizo.


Como en algunos sectores de la opinión pública todo se convirtió en discutido y discutible, la jerarquía ha intentado cerrarse para no dar espacio a la innovación deliberada a través de una política de restauración que se sitúa en el otro extremo y que lejos de ayudar a la Iglesia la daña profundamente.

jueves, 4 de junio de 2009

Ritos Latinos y Celebraciones Litúrgicas de la Iglesia Católica en Occidente como en Oriente




El rito litúrgico católico es el conjunto de prescripciones que reglamentan las ceremonias en la Iglesia católica romana y están contenidos en los Libros litúrgicos católicos.

En otros contextos, la palabra rito puede designar a las Iglesias particulares, "tanto de Oriente como de Occidente, (que) aunque difieren algo entre sí por sus ritos, como suele decirse, a saber, por su liturgia, disciplina eclesiástica y patrimonio espiritual, sin embargo, están encomendadas por igual al gobierno pastoral del Romano Pontífice, que sucede por institución divina a San Pedro en el primado sobre la Iglesia universal".[1]

Ya en el siglo III, existían tres sedes principales del cristianismo: Alejandría, Antioquía y Roma, con liturgias ligeramente distintas. En el libro de los Hechos de los Apóstoles, aparece Antioquía como la primera ciudad en donde los cristianos recibieron dicho nombre. Esto, unido a la cercanía geográfica entre dicha ciudad y Jerusalén, de donde partió la predicación apostólica, hace muy probable que el rito antioqueno sea el más antiguo.

La tradición católica muestra a San Pedro llevando el Evangelio a Roma, mientras que su discípulo San Marcos lo habría llevado a Egipto, siendo el origen de los ritos latino y alejandrino, respectivamente.


Ritos litúrgicos latinos
Artículo principal: Ritos Latinos
El rito latino, en sentido de Iglesia particular latina, la Iglesia particular con más fieles y puede ser designado también como Iglesia Católica de Occidente; sin embargo, existen también jurisdicciones de rito latino en Oriente.

En sentido litúrgico, no existe un sólo rito latino, sino que el rito originado en Roma y el África latina de los primeros siglos del cristianismo, dio origen a una variedad de ritos liúrgicos latinos. Sin embargo, siendo el rito romano el que practica la mayor cantidad de fieles en Occidente, y en el mundo en general, suelen emplearse ambos términos como sinónimos.

Los ritos latinos medievales que subsisten en la actualidad son: el rito hispánico (conocido como visigótico, mozárabe, etc.), el rito ambrosiano, el rito bracarense o braguense, el rito dominicano, el rito carmelita y el rito cartujo. Otros ritos latinos, relativamente tardíos, desaparecieron luego del Concilio de Trento. Bajo el pontificado de Juan Pablo II, se aprobó el entonces rito zaireño, hoy llamado congoleño.


Iglesias orientales católicas y sus ritos litúrgicos
El rito alejandrino subsiste actualmente en el copto y el etíope. El rito antioqueno tuvo, en Siria, una evolución más compleja, distinguiéndose dos ramas, la oriental y la occidental:

El rito sirio oriental subsiste actualmente en los ritos de la Iglesia católica caldea y la Iglesia siro-malabar. Del rito sirio occidental, que conserva el nombre de antioqueno, se derivó a partir del siglo IV el rito bizantino o constantinopolitano, siendo el rito oriental más extendido. En el mismo siglo, aparece en Armenia, ya cristianizada, el rito armenio, que toma elementos de los dos ritos precedentes. Actualmente, el rito antioqueno subsiste en los ritos maronita, siro-malankara y sirio propiamente dicho (llamado también siro-antioqueno).

Son varias las Iglesias particulares que usan el único rito litúrgico bizantino.

Existen, pues, en la Iglesia Católica Romana las siguientes iglesias que emplean ritos litúrgicos distintos:

Ritos orientales
Ritos alejandrinos
Rito copto
Rito etíope
Ritos antioquenos
Rito maronita
Rito siro-malankara
Rito sirio
Rito armenio
Ritos sirio-orientales
Rito caldeo
Rito siro-malabar
Rito bizantino
Rito albanés
Rito búlgaro
Rito griego
Rito melquita
Rito húngaro
Rito italo-albanés
Rito de Križevci
Rito macedonio
Rito rumano
Rito ruso
Rito ruteno
Rito eslovaco
Rito ucraniano

Diversos ritos litúrgicos latinos usados por la única Iglesia latina en la Liturgia
Ritos romanos:

Rito romano ordinario
Rito romano extraordinario
Rito ambrosiano
Rito hispánico
Rito bracarense
Rito congoleño o Zairense
Rito dominicano
Rito carmelita
Rito cartujo
Rito Serico (extinguido)
Rito afro-latino (extinguido)
Rito céltico (extinguido)
Rito galicano (extinguido)

Los Ritos litúrgicos latinos usados en las áreas de la Iglesia Católica donde el latín fue el lenguaje dominante fueron drante muchos siglos no menos numerosos que los ritos litúrgicos de las Iglesias orientales católicas. En la actualidad su número es mucho más reducido. Posteriormente al Concilio de Trento, en 1568 y 1570, el papa Pío V suprimió los breviarios y misales que no pudieran demostrar una antigüedad de por lo menos dos siglos. Muchos ritos locales que continuaban siendo legítimos incluso después de este decreto fueron voluntariamente abandonados, especialmente en el Siglo XIX y la mayoría de las órdenes religiosas que aún mantenían un rito propio decidieron, en la segunda mitad del Siglo XX, adoptar el Rito romano reformado tal como se revisó de acuerdo con los decretos del Concilio Vaticano II. Unos pocos ritos litúrgicos latinos persisten hoy día para la celebración de la Misa en forma revisada delde 1965-1970, pero los ritos litúrgicos específicos para celebrar los demás sacramentos han sido prácticamente abandonados.

Rito Romano
El Rito romano es por mucho el más ampliamente usado. Como los demás ritos litúrgicos, se desarrolló con el tiempo, con las nuevas formas sustituyendo las antiguas. Pasó por muchos cambios en el primer milenio y medio de existencia (ahora llamadas "Misas Pretridentinas"). La forma establecida por Pío V siguiendo lo solicitado por el Concilio de Trento y establecida entre 1560 y 1570, continuó con mínimas variaciones en los siglos posteriores. Cada edición típica nueva del Misal Romano y de los otros Libros litúrgicos derogaba la anterior.

Fue en el Siglo XX cuando hubo cambios más profundos. El papa Pío X modificó radicalmente el Salterio del Breviario y alteró las rúbricas de la Misa. Los Papas posteriores continuaron con los cambios, empezando con Pío XII, quien revisó las ceremonias de Semana Santa y ciertos aspectos del Misal Romano en 1955.

El Concilio Vaticano II (1962-1965) fue seguido por una revisión general de los rituales de todos los sacramentos, incluyendo la Eucaristía. Como antes, cada nueva edición típica de un libro litúrgico oficial derogaba la anterior. Así pues, el Misal Romano de 1970, que derogó la edición de 1962, fue derogado por la de 1975. La edición 2002, a su vez, deriga la edición de 1975 tanto en latín, como en las traducciones oficiales que aparece y en las lenguas vernáculas. Bajo los términos del Motu proprio Summorum Pontificum del papa Benedicto XVI, la Misa de Pablo VI es conocida como la Forma Ordinaria del Rito Romano.

El mismo Motu Proprio indica que la Misa tridentina, tal como está expresada en el Misal de 1969, aún está autorizada como Forma Extraordinaria del Rito Romano.


Uso de Zaire
El Uso de Zaire o Rito congoleñoes una variación inculturada del la Forma Ordinaria del Rito Romano usada de forma muy limitada en algunos países africanos desde finales de la década de los 70.


Uso Anglicano
Este uso, durante la Liturgia de la Eucaristía, especialmente la Oración Eucarística, es muy parecido al Rito Romano, mientras que es muy diferente durante la Liturgia de la Palabra y el Rito Penitencial. El lenguaje utilizado, que difiere del usado por la traducción de la Comisión Internacional sobre el Inglés Litúrgico, más extendida, está basado en el Libro de Oración Común, escrito originalmente en el Siglo XVI. La mayoría de las parroquias usan el Libro de Alabanza Divina, el cual es una adaptación del anterior.

El Uso Anglicano está permitido por una Instrucción Pastoral de 1980 y solo está permitido en unas cuantas parroquias de los Estados Unidos, las cuales abandonaron la Iglesia Episcopal. La misma Instrucción permite también la ordenación de antiguos ministros episcopalianos casados como sacerdotes católicos.


Ritos occidentales de tipo "Galicano"
Rito Ambrosiano
El Rito ambrosiano es celebrado en la mayor parte de la Arquidiócesis de Milán, Italia y en partes de algunas diócesis colindantes en Italia y Suiza. El idioma actualmente utilizado es usualmente el italiano. Es similar al Rito Romano, con algunas variantes en los textos y una ligera diferencia en el orden de las lecturas.


Rito de Braga
El Rito bracarense es usado, de forma opcional desde el 18 de noviembre de 1971 en la Arquidiócesis de Braga al norte de Portugal[1]


Rito Mozárabe
La Liturgia hispánica, también llamada rito mozárabe o visigótico, fue el prevalente a lo largo de España en tiempos de los visigodos, ahora es celebrado en contadas ocasiones, principalmente en la catedral de Toledo.


Rito Cartujo
El rito cartujo está en uso bajo una versión revisada en 1981.[2] Aparte de los nuevos elementos en esta revisión, es fundamentalmente el rito de Grenoble del Siglo XII con algunas añadiduras de varias fuentes.[3] Es actualmente el único rito de la Misa ordinario existente de una orden religiosa; pero por virtud del indulto Ecclesia Dei, alguno individuos o pequeños grupos están autorizados a usar algunos ritos hoy ya no usados.


Ritos Occidentales Católicos en Desuso
Rito Africano
Este Rito fue usado, antes de la conquista árabe del Siglo VIII, en el norte de África, en particular en la provincia romana de África, la cual corresponde al actual Túnez, de la cual Cartago era su capital. Es muy similar al Rito romano, tanto así que las tradiciones litúrgicas occidentales han sido clasificadas como pertenecientes a dos corrientes, la tradición Norte Africana-Romana y la tradición Galicana (en el sentido amplio), comprendiendo ésta al resto del Imperio Romano de Occidente, incluyendo el norte de Italia.[4]


Rito Celta
El antiguo uso celta fue un compuesto de estructuras rituales no-romanas (posiblemente antioquenas) y textos no exentos de influencia romana, que era similar al rito mozárabe en muchos aspectos y habría sido usado por lo menos en algunas partes de Irlanda, Escocia, la parte norte de Inglaterra y tal vez incluso en Gales, Cornwall y Somerset, antes de haber sido ordenado su reemplazo por el rito romano en la Alta Edad Media. El calificativo "celta" es probablemente un término equivocado y puede deberle su origen a la re-evangelización de las Islas Británicas por parte de Agustín de Canterbury en el Siglo VI. Se sabe poco de él, a pesar de que sobreviven varios textos litúrgicos.

Algunos grupos cristianos no en comunión con la Iglesia Católica, especialmente algunos Ortodoxos Occidentales en comunión con las Iglesias Ortodoxas Orientales, (por ejemplo los ortodoxos celtas), han intentado dar vida a una reconstrucción del rito celta, cuya precisión histórica ha sido puesta en duda.


Rito Galicano
El Rito Galicano es un término retrospectivo aplicado a la suma de las variantes locales, en líneas similares a los arriba designados (como el rito celta o el hispánico), los cuales cayeron en desuso en Francia a finales del primer milenio. No deben ser confundidos con los llamados libros litúrgicos Neo Galicanos publicados en varias diócesis francesas luego del Concilio de Trento, los cuales tienen muy poco o nada que ver con él.


Otros ritos o usos locales extintos
Varios ritos locales (más propiamente usos o variantes del rito romano) de distintos alcances existieron, pero hoy día no se usan; entre ellos podemos anotar:

el Rito o Usode Sarum (o Salisbury), que era una variante del romano originada en la diócesis de Salisbury y había ido extendiéndose hasta ser ampliamente utilizado en Inglaterra y Escocia en la década de 1530, cuando la Reforma Protestante barrió en la Europa Continental. Tuvo variantes en York, Lincolnshire, Bangor y Hereford.
El Uso de Colonia, usado en esta diócesis antes de 1570.
El Rito Lyonés de la diócesis de Lyon, Francia, la cual es considerada como el centro (más que Milán) de la difusión de las liturgias galicanas[5]
El Uso Nidaros, largamente extinto, basado principalmente en libros litúrgicos ingleses, usado en la pre-Reforma en Noruega.[1]
El Uso de Uppsala, suprimido durante la reforma, previamente la variante principal del rito romano en Suecia.
El Rito Aquileano, rito difunto originado en el antiguo patriarcado de Aquilea en el norte de Italia.
El Rito de Benevento y
El Rito de Durham

Ritos de órdenes religiosas [editar]Algunas órdenes religiosas celebraban la Misa de acuerdo a su propio rito, los cuales databan de más de 200 años antes de la Bula papal Quo primum. Estos ritos estaban basados en usos locales y combinaban elementos de los Ritos Romano y Galicano. Posterior al Concilio Vaticano II, la mayoría de ellos fueron abandonados, excepto el Rito Cartujo.
Las órdenes religiosas de origen más reciente, jamas han tenido ritos especiales.

Los siguientes ritos de la Misa previamente existentes, distintos del Rito Romano, continúan en uso de forma limitada con permiso de los superiores eclesiásticos:

Rito carmelita
Rito Cisterciense
Rito dominico[6]
Rito premostratense

sábado, 30 de mayo de 2009

El Santo sacrificio de la Misa encierra el misterio de nuestra fe, el dogma por excelencia de la Fe




INTRODUCCIÓN
El Santo Sacrificio de la Misa encierra el misterio de nuestra Fe, el dogma por excelencia de la Fe.

“Misterio escondido desde tantos siglos en Dios”...

El Santo Cura de Ars dice que es incomprensible para las fuerzas humanas: “Ni el Sacerdote que celebra la Misa puede comprender el valor de una Misa; si comprendiera moriría, ya sea de temor o temblor ante poder tan grande otorgado a una criatura tan frágil y tan débil... o moriría de amor agradeciéndole a Dios por haberlo escogido para un ministerio tan sublime”.... “tal vez en la otra vida comprendamos algo del valor que tiene una Misa”.

San Juan Eudes dice que “se necesitaría una eternidad para preparar una Misa, otra eternidad para celebrarla y una eternidad para dar gracias por haberla celebrado”.

El Padre San Pío de Pietrelcina afirma que “el mundo podrá existir sin sol, pero no sin la Santa Misa”.

Estando dada la infinitud de lo que es el acto más grande que puede existir, aquí vamos a tratar de aproximarnos al misterio de nuestra Fe y concientes de nuestra indignidad, balbucearemos como un infante que aprende repitiendo lo que oye de su madre; para esto, lo haremos a la luz de la enseñaza y práctica secular de nuestra Madre la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana.

La Misa es el centro y el corazón de la Iglesia, el alfa y el omega.

Todo parte del amor misericordioso, del amor de Dios por la criatura: la crea y la redime “todo lo que fue hecho sin El no fue hecho”.

El acto creador de Dios corresponde a su deseo de difundir, fuera de Sí, el ser, el bien, la belleza que en El existen de modo esencial. “Bonum difusivum sui”. El bien es difusivo de por sí. Crea con orden, belleza, bondad, etc.; Dios refleja sus perfecciones en la obra creada... pero El quiere comunicar aún más, quiere comunicar su vida intima: La felicidad suprema de las relaciones trinitarias... ¿Crear otro Dios? Es imposible, no puede haber dos infinitos… y por decirlo así, (al modo humano) Dios decide crear un ser que fuera como una síntesis de la creación (un cuadro sinóptico) que contuviera en sí todos los elementos del orden creado: Ser, mineral, animal, y espíritu, para, uniéndose a él, unirse a su creación completa y así, por la unión de las dos naturalezas, divina y humana (en la Unica Persona divina del Verbo Encarnado) toda la creación participaría de la felicidad intima, del gozo sempiterno de las relaciones trinitarias:

“entonces Dios dijo: “hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza” ” Dios crea a su imagen la naturaleza racional del hombre con la semejanza del estado de gracia, con todos los dones que ello implica: participación de la naturaleza divina, (ejus divinitátis esse consórtes,…) “consortes de la divina naturaleza”.

He ahí el plan maravilloso del Amor (del don) de Dios: comunicar su vida íntima (“vine para que tengáis vida y la tengáis en abundancia”), la plenitud de su felicidad trinitaria (“ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni la mente del hombre puede imaginar lo que Dios prepara para los que lo aman”). Por la gracia dada a la naturaleza resumida en el animal racional, creado a imagen y semejanza de Dios; pero, como se trata de Amor, requiere la libre correspondencia de la criatura amada de tal manera; era y es libre y voluntariamente que debería corresponder (el amor no voluntario no es amor).

El hombre desobedeció, no correspondió a Dios y se separó de Dios, quiso no amar a Dios, quiso ser como Dios y se desligó, rompió con Dios: pecó destruyendo esa semejanza gratuita, y amorosa que había recibido de Dios, que lo hacía hijo de Dios, perdió la gracia, y así toda la naturaleza contenida en él; quedo afectada y ahora también ella “gime como con dolores de parto, esperando la manifestación de los hijos de Dios”.

El amor de Dios agraviado no renuncia a su plan de comunicar Su vida, su felicidad íntima a su creación en el hombre: “te amé con Amor eterno y por eso, Misericordioso, te atraje hacia mí”.

Ahora esa unión de Dios con su criatura se hará por medio de la Encarnación redentora para reparar el pecado y volver a ligar (de ahí la palabra re-ligión) a la criatura con su Creador, lo que se efectúa realmente en ese supremo acto de religión: el Sacrificio del Calvario (“cuando sea levantado en lo alto atraeré a todos hacia mí”).

Se inicia la historia del hombre expulsado del Paraíso, guiado por la esperanza magnífica de la Restauración victoriosa: “Pondré enemistad entre ti y la Mujer, entre tu raza y la de Ella, Ella te aplastará la cabeza…”

El Verbo de Dios, en la plenitud de los tiempos, se encarnó en el seno de una Virgen realizando todo lo anunciado desde tantos siglos.

Llegada su Hora, para la cual había venido, antes de su Pasión sangrienta va a celebrar por anticipado, y a dejarnos, Su Sacrificio de manera incruenta. Él, el mismo Verbo Eterno, por el cual el mundo fue hecho con su sola palabra por la que se produjo de la nada toda la creación, va a tomar las especies del Pan y el Vino para pronunciar las palabras de la Consagración y producir el Milagro de la Transubstanciación (su Palabra es eficaz y produce lo que dice: Esto es mi Cuerpo... Este es el Cáliz de mi Sangre... y luego pensando en todos los hombres comunica su sacerdocio para perpetuar este sacrificio; les da el poder y la orden: “HACED esto en memoria mía...” ¡HACED! luego consume y da a sus discípulos su Cuerpo y su Sangre como reiteradamente lo había anunciado.

Es verdad que la palabra transustanciación no está contenida en la Escritura; pero, el hecho está claro, de la cual ha dejado pistas claras: Dice el Evangelista San Lucas XXII,18: “Os aseguro que ya no beberé del sumo de la vid hasta que llegue el Reino de Dios” y dos versículos mas adelante San Lucas XXII,20: Consagra y toma del Cáliz consagrado.

Si Cristo no puede mentir, como es lógico, lo que ha consumido, después de la Consagración no es más la sustancia del sumo de la vid, sino verdaderamente su Sangre bajo la especie del vino.


EXPLICACIÓN DE LA TRANSFORMACIÓN DE LAS ESPECIES (del mineral a la Comunión) COMO REALIZACIÓN DEL PLAN DE AMOR DE DIOS
El efecto propio de la Santísima Eucaristía es la perfección y consumación de la vida sobrenatural por la íntima unión del hombre con Cristo y su Cuerpo Místico...

Ahora bien, es propio del alimento transformarse en la sustancia del que lo come y hacerse uno con él, según lo declara Santo Tomás:

“El efecto propio de cualquier sacramento debe apreciarse y juzgarse por la analogía con la materia del sacramento, la materia de la Eucaristía es un alimento; es pues necesario que su efecto sea análogo al de los manjares. El que toma alimentos corporales los transforma en él...; pero la comida Eucarística, en vez de transformarse en aquel que la toma, lo transforma a éste en ella.

Síguese de aquí que el efecto propio de este sacramento es una tal transformación del hombre en Cristo, que puede, en realidad decir con el Apóstol: “Vivo yo, o más bien no vivo yo, sino que Cristo vive en mí” Gal. 2,20. (4 Sent. Dist. 12 q 2 a 1)

(el inferior es asimilado y transformado en el superior, sirviéndolo: minerales –barro , guano- plantas, animales –vida sensible- hombres -hominización- Cristificación por la Comunión.

Ser > vida vegetal > vida sensible > vida racional > vida de Cristo.

Además como dice San Alberto Magno:

“Siempre que se unen dos sustancias de modo que una deba cambiarse y transformarse en otra, entonces la sustancia superior, más noble y activa, se asimila la inferior más débil e imperfecta.

“Siendo, pues, el alimento Eucarístico de naturaleza superior y más perfecta, tócale a él recibir la asimilación y cambiar al hombre que la recibe espiritualmente en Cristo” (In 4 Sent., dist. 9 a. 4 ad 1)

Por la comunión somos Trinificados, dice Santo Tomás.

La verdadera unidad y solidaridad humana se genera y realiza por y en la Comunión.

Familiar
Verdadera Unidad Social en Cristo por la comunión con Dios
Política
Etc.



NECESIDAD NATURAL DEL SACRIFICIO
En la historia de la humanidad encontramos diversidad de pueblos, diversos grados de cultura, algunos llegaron a ignorar la rueda o el fuego o la escritura pero no existe uno que no tenga religión y no se encuentra ninguna religión que no tenga algún tipo de sacrificio como acto central y ningún sacrificio sin sacerdote deputado para ofrecerlo.

La palabra sacrificio significa: sacrum factum, hacer algo sagrado es la oblación de algo sensible con la inmutación hecha a Dios de modo legítimo en reconocimiento de su majestad y bondad suprema y de nuestra sumisión a la misma.

Metafísicamente es un signo sagrado que tiende al culto divino por la significación anexa visible de algo invisible, físicamente es la cosa sacrificada (sensible y sustancial por la acción que se realiza) oblación e inmolación o inmutación.

Teológicamente es la expresión objetiva de la Excelencia de Dios principio de todo y Señor absoluto, sumo Bien y último fin.

El hombre busca testificar los afectos internos del alma, por los que se consagra a Dios.

El sacrificio externo refleja el interno que busca dar un culto a Dios. La finalidad natural del culto que el hombre debe a Dios es:

Latréutica (excelencia de Dios-sumisión del hombre)
La bondad de Dios exige una finalidad eucarística (gracias por los bienes pasados)
Impetratoria para pedir los beneficios que esperamos recibir.
Pero estando dado el pecado del hombre no puede prescindirse en el sacrificio, ofrecido a Dios, de la razón propiciatoria, pues después de haber ofendido a Dios ningún sacrificio sería aceptable si no contiene el sentido propiciatorio que busca desagraviar por el pecado cometido
Además sólo el sacerdote (deputado) lo puede ofrecer. Y más cuando se trata del Sacrificio Supremo del cual todos los demás son figuras: San Pablo lo dice: “todo Pontífice tomado de entre los hombres, es puesto a favor de los hombres, en aquellas cosas que tocan a Dios para que ofrezca dones y sacrificios por los pecados”.



EL RITO ESTABLECIDO Y NO INVENTADO
Los Apóstoles a la cabeza de la Iglesia, fundada por Cristo sobre Pedro, han de continuar este supremo acto del Sacrificio en el que se manifiesta el amor de Dios que busca realizar la unión con su criatura (“nadie ama más que aquel que da la vida por aquellos que ama”), fuente de la mayor gloria de Dios, razón de ser de la creación en el que el mismo Cristo continúa por medio del sacerdote realizando este acto el que ofrece el Sacrificio de su Cuerpo y de su Sangre.

Conviene aclarar lo que se entiende por la palabra rito. El reputado liturgista Mons. Klaus Gamber en su obra “La Reforma de la Liturgia Romana”, prologado por varios obispos y tres cardenales dice que “lo podemos definir como las formas reguladoras del culto que remontándose en definitiva hasta Cristo, han nacido, una a una, a partir de la costumbre general y sancionadas después por la autoridad eclesiástica”.

Entonces: Los ritos, antes de ser sancionados, es decir, oficializados por la Iglesia siempre fueron, según la misma definición de Rito, primero costumbres de dar culto a Dios, que remontan su origen a la Revelación y que expresan la concepción que tiene la Fe, de Dios, y de todo lo que es el hombre frente a Dios, de las relaciones de la criatura con su Creador.

Los Ritos también ejercen necesariamente una función pedagógica y, por lo tanto, deben ser fieles a su razón de ser: Vincular, por la Fe que se expresa, al Hombre con Dios, que son realidades distintas y objetivas, como Dios lo estableció.

Sí; le Rito expresa la Fe; esta correspondencia es necesaria. También es válida para el error, cuando se expresa en ritos, como lo hicieron los herejes. Un cambio de la Fe exige un cambio correlativo en el Rito.

Paul Bourget (escritor católico del S. XIX): “Es menester vivir como se piensa, so pena de terminar, más tarde o más temprano, pensando como se vivió”. Lo mismo para la forma de dar culto a Dios: Es menester celebrar el culto que exprese la Fe revelada por Dios, so pena de terminar creyendo como se celebró.

Si el Rito expresa la unión de dos realidades, vinculándolas por el culto, (Dios y Hombre) y esas dos realidades no cambian en su naturaleza ni en su esencia, cuando se tiene el Rito apropiado al culto debido, que expresa la Fe revelada, en cierto sentido ese Rito es inmutable.

Me explico:

La Naturaleza tanto divina como humana, vinculadas por el culto dado por medio del Rito, son inmutables (esto se niega si se tiene una fe evolucionista y panteísta o se define la Fe como un sentimiento).
La Fe (que debe expresar el Rito) también es inmutable. La fidelidad a lo esencial no puede, sin daño a la Fe, afectarse por la adaptación a lo accidental (esto se niega cuando se define la Fe como un sentimiento que nace de la profundidad del inconsciente y no como el a-sentimiento (sin sentimiento) de la razón a la autoridad de Dios que revela verdades, a la inteligencia, inmutables definidas y propuestas como tales por el Magisterio establecido por Dios; o cuando se hace prevalecer la influencia cultural de geografía, raza, temperamento, evolución histórica, etc.)
Por lo tanto, el Rito como la Naturaleza de Dios y la naturaleza del hombre, como la Fe que debe expresar, después de haber sido costumbre canónica y en esa condición ha sido practicado y aceptado pacíficamente (a veces de tiempos inmemoriales) con el reconocimiento unánime de la Iglesia, es un rito inmutable. De ahí que su fijeza e invariabilidad lo hagan un rito de la Iglesia Universal y no un rito del Padre tal o tal o de la cultura tal o del folklore tal, como pretende el Modernismo.

Puede, con estas características, haber varios ritos, como de hecho existen desde tiempos inmemorables reconocidos en la Iglesia.

De manera pues que, como vemos: El rito nace de la costumbre general; ya en el Antiguo Testamento el sacrificio inspirado por Dios a Moisés, para anunciar y prefigurar el Sacrificio del verdadero Cordero de Dios, se hace de acuerdo a un ritual igualmente establecido o inspirado por Dios.

Es el Sacrificio actual de la Nueva y Eterna Alianza realizado por el Verbo Encarnado el que ilumina y da coherencia a la significación de toda la historia Antigua, la cual sería oscura e incomprensible si no se la ilumina por su ordenación al Mesías Redentor.

Los sacrificios del Antiguo Testamento, dice San Agustín, “eran sólo figuras que presagiaban y simbolizaban de modos diversos el Sacrificio de Cristo”

La realidad instituida por Cristo en la Última Cena será transmitida y continuada de siglo en siglo, por la Liturgia católica que formándose y enriqueciéndose a partir de ese núcleo esencial, de manera comparable a cómo los anillos que se forman alrededor de los troncos de los árboles o también como una joya preciosísima puesta en un anillo alrededor de la cual se añaden con el paso de los tiempos otros brillantes que la resaltan, eso es lo que se conoce como Misa Tridentina, Misa Gregoriana o Misa de siempre.

Dice Mons. Gamber: “en sentido estricto no hay Misa Tridentina porque como resultado del Concilio de Trento no se creó un nuevo ordinario de la Misa; el “Misal de San Pío V” no es otra cosa que el Misal de la curia que vio la luz en Roma muchos siglos antes (.....), pero que jamás había sido impuesto de forma obligatoria”.

Nunca existió en la Iglesia hasta 1969, estrictamente hablando, un rito nuevo, teniendo en cuenta el significado de la palabra Rito.

Veamos sucintamente un resumen de la historia de la Misa:

SIGLO I: Nuestro Señor Jesucristo realiza el Sacrificio de la Nueva Aalianza prefigurado y anunciado desde tantos siglos instituyendo la Eucaristía y el Sacerdocio

SIGLO II: El acto y la acción del Divino Salvador se transmiten y aparecen los rasgos primitivos del Canon Romano, la Iglesia primitiva llama a la Misa Oblatio y Misterium Fidei como lo atestiguan la Didaché, la epístola de San Clemente, la de Bernabé; los escritos de San Ignacio, San Justino y San Ireneo.

SIGLO III: En Roma se empiezan a marcar las partes del Canon Latino, se establecen los elementos dogmáticos de la Misa a través de encíclicas de los papas y en los concilios locales se establece un libro litúrgico en latín, conteniendo el canon para mantener la unidad de lo esencial cuando se celebre la Misa

SIGLO IV: El emperador Constantino concede la paz y la libertad a la Iglesia dando la posibilidad de la celebración pública; en esta época ya encontramos cuatro ritos diversos: el de Antioquia, el de Alejandría, el rito Romano y el Galicano; pero todas las partes de la Misa se encuentran en cada rito desde el Siglo II. En esta época se le da el nombre de Misa. Aparecen las primeras sectas con sus herejías antiliturgicas como la de Vigilancio y el Arrianismo que negaban la divinidad de Cristo, comulgaban de pie y en la mano, disminuyendo por lo tanto los signos de orden y respeto a la Sagrada Eucaristía. No adoraban.

SIGLO V: A partir de este siglo surgió la tendencia a la unificación occidental sobre el modelo del Santo Canon, enteramente compuesto por las mismas palabras del Señor, de las tradiciones recibidas de los Apóstoles y de las devotísimas instituciones de los Santos Pontífices; el rito Ambrosiano en Milán, la liturgia mozárabe de origen ibérico y las liturgias maronitas de Siria y Malacares que toman lo principal del Canon Romano (Cfr. Denzinger 942)

SIGLO VI: Se enriquece el Canon Romano y se perfecciona a través de oraciones para dar el impulso a la conversión del imperio; sobresale la doctrina esencial del rito del Sacrificio contenida en el Misal, que se resume en dos palabras: Transustanciación y Sacrificio Propiciatorio.

SIGLO VII: San Gregorio Magno consolidó el tronco común del Ordo Misae denominado varios siglos más tarde de San Pío V. A partir de este Papa se considera el texto, el orden y la disposición de la Misa que él nos transmite como una tradición sagrada que remonta a los Apóstoles y que no se debe reformar, salvo en detalles secundarios.

SIGLO VIII: La Misa para esta época es explícitamente el eje central para la evangelización de los pueblos.

SIGLO X: Hasta este siglo la presencia real de NSJC en la Eucaristía ni se dudaba ni se discutía, tanto sacerdotes como laicos profesan la Fe con certeza clara de que después de la Consagración lo que hay en el altar es el Cuerpo y la Sangre de Cristo. El primero que osó negar esta verdad de fe fue Berengario de Tours que inició la herejía que afirma una mera presencia simbólica y no real en la Sagrada Eucaristía (Cfr. Dz. 355).

SIGLO XI: La expresión de los ritos de la Misa se enriquece con los cantos gregorianos, el órgano y una buena acústica en las catedrales góticas.

SIGLO XIII: El Concilio de Letrán declara el dogma de fe que después de la consagración se convierten de modo sustancial en el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

SIGLO XIV: Algunos sacerdotes colocan los cimientos de la revolución protestante al negar la presencia real de Cristo en la Eucaristía entre ellos Juan Wiclef, Lolardo Walter y Juan Huss, entre otros.

SIGLO XV: Con el renacimiento del paganismo surge el naturalismo que ataca las bases sobrenaturales de la Religión Católica incluido el sentido sacrificial de la Misa

SIGLO XVI: Los herejes Martín Lutero, Ulrico Zwinglio, Juan Calvino y el rey de Inglaterra, Enrique VIII, buscan deformar el culto exterior de la Iglesia centrando sus esfuerzos destructivos sobre tres puntos esenciales:

Negación del carácter de Sacrificio Propiciatorio de la Misa, quedando sólo en una especie de asamblea comunitaria sin consagración que sería un simple memorial de la Cena pascual
Negación de la transustanciación. Dicen que Cristo solo está presente de manera espiritual en medio de la asamblea que se reúne en su nombre. La Eucaristía es sólo un símbolo a ser reconocido por la fe de los que asisten, por eso la toman con la mano y se reparte vino a los asistentes.
Negación del Sacramento del Orden Sacerdotal, que es reemplazado por el sacerdocio colectivo de los fieles presidido por un pastor de la asamblea.
Frente a estas herejías el Espíritu Santo Suscitó la acción del Concilio de Trento y de San Pío V para canonizar el orden litúrgico y así establecer una barrera sólida contra la herejía. Fruto de este celo apostólico son los cánones sobre la Misa y la bula Quo Primum Tempore que garantiza el derecho a perpetuidad, sin que nadie pueda legítimamente impedirlo, a cualquier sacerdote hasta el fin del mundo, que quiera celebrar como el rito que hoy se conoce con el rito de San Pío V (Cfr. Dz 942)

Me permito recordar estos cánones......



CÁNONES DEL SACRIFICIO DE LA MISA


CAN. I. Si alguno dijere, que no se ofrece a Dios en la Misa verdadero y propio sacrificio; o que el ofrecerse este no es otra cosa que darnos a Cristo para que le comamos; sea excomulgado.

CAN. II. Si alguno dijere, que en aquellas palabras: Haced esto en mi memoria, no instituyó Cristo sacerdotes a los Apóstoles, o que no los ordenó para que ellos, y los demás sacerdotes ofreciesen su cuerpo y su sangre; sea excomulgado.

CAN. III. Si alguno dijere, que el sacrificio de la Misa es solo sacrificio de alabanza, y de acción de gracias, o mero recuerdo del sacrificio consumado en la cruz; mas que no es propiciatorio; o que sólo aprovecha al que le recibe; y que no se debe ofrecer por los vivos, ni por los difuntos, por los pecados, penas, satisfacciones, ni otras necesidades; sea excomulgado.

CAN. IV. Si alguno dijere, que se comete blasfemia contra el santísimo sacrificio que Cristo consumó en la cruz, por el sacrificio de la Misa; o que por este se deroga a aquel; sea excomulgado.

CAN. V. Si alguno dijere, que es impostura celebrar Misas en honor de los santos, y con el fin de obtener su intercesión para con Dios, como intenta la Iglesia; sea excomulgado.

CAN. VI. Si alguno dijere, que el Canon de la Misa contiene errores, y que por esta causa se debe abrogar; sea excomulgado.

CAN. VII. Si alguno dijere, que las ceremonias, vestiduras y signos externos, que usa la Iglesia católica en la celebración de las Misas, son más bien incentivos de impiedad, que obsequios de piedad; sea excomulgado.

CAN. VIII. Si alguno dijere, que las Misas en que sólo el sacerdote comulga sacramentalmente son ilícitas, y que por esta causa se deben abrogar; sea excomulgado.

CAN. IX. Si alguno dijere, que se debe condenar el rito de la Iglesia Romana, según el que se profieren en voz baja una parte del Canon, y las palabras de la consagración; o que la Misa debe celebrarse sólo en lengua vulgar, o que no se debe mezclar el agua con el vino en el cáliz que se ha de ofrecer, porque esto es contra la institución de Cristo; sea excomulgado.

Hasta aquí la enseñanza infalible del Concilio de Trento.

Es necesario resaltar aquí que Su Santidad Juan Pablo II en su última Encíclica –“Ecclesia de Eucaristía”- sobre la Eucaristía recuerda la enseñanza de que el referente teológico para la Misa es el Concilio de Trento.

SIGLO XVII: La liturgia codificada por San Pío V sufrió alteraciones desde fines de este siglo, especialmente en Francia, por influencia del galicanismo, del protestantismo y del jansenismo. Algunas de estas alteraciones fueron: disminución del espíritu de oración, reducción del culto a la Santísima Virgen y a los santos; aumento de las lecturas bíblicas; en algunos lugares se reemplazó el altar por una mesa, sin embargo, nadie tocó el canon, que se siguió rezando en latín, pero en voz alta.

SIGLO XVIII: Continúa la tendencia a la desacralización y a la profanación del templo, la disolución y la anarquía litúrgica. Hubo muchas diócesis con liturgias particulares. El Sínodo de Pistoya fue condenado en 1794, por atentar contra la pureza del rito de la Misa.

SIGLO XIX: La Misa fue restaurada en su pureza, principalmente en 1830, en Francia, por influencia de Dom Guérarger, fundador de la abadía de Solesmes.

El Papa León XIII (1878-1903) en su encíclica “Mirae charitatis” defiende la Misa atacada por el racionalismo y el liberalismo.

SIGLO XX: Se ataca de nuevo la Misa con la herejía modernista. Surge un movimiento litúrgico bueno en sus comienzos pero desviado en su fase final: en la Misa prevaleció el aspecto pastoral sobre el aspecto cultural y el positivismo nacionalista se quiso imponer sobre el culto debido a Dios.

A fines de 1947 SS Pío XII trató en vano de poner atajo a la larvada subversión litúrgica publicando la encíclica “Mediator Dei”, la cual condena el llamado “arqueologismo litúrgico” o el argumento de volver a ritos arcaicos. Prohíbe reemplazar el altar tradicional (Con el Ara consagrada como corresponde a un Sacrificio que se realiza) por una mesa despegada del Sagrario que sólo figuraría una Cena Memorial.

El 25 de julio de 1960 el Papa Juan XXIII publicó el Motuo Proprio “Rubricarum Instructum” aprobando y promulgando las rúbricas últimas del breviario y del Misal romano de la Misa de san Pío V.

El 22 de febrero de 1962 Juan XXIII publica la Constitución Apostólica “Veterum Sapientia” acerca de la importancia del estudio del latín y de su utilización en las acciones litúrgicas y en la Misa, porque como lengua sagrada conserva viva e inmutable la doctrina de la Iglesia. Dijo: “Mandamos que la lengua latina sea conocida, enseñada y por todos diligentemente conservada”.

Así llegamos al año 1969, siendo pontífice el Papa Pablo VI, el día 1° de noviembre se instala en la Iglesia una nueva Misa... fabricada por una Comisión a cuyos trabajos fueron invitados seis Pastores protestantes

-Desde que se publica el NOM, teólogos calificados, Pastores de almas, presbíteros, y algunos prelados quedan impactados con las “novedades” de la nueva liturgia; alertaron al Santo Padre y a las autoridades de las “carencias” del nuevo rito. Que sin ser en sí inválido corría el riesgo de favorecer interpretaciones contrarias a la doctrina definida sobre el Santo Sacrificio de la Misa, lo que no es posible decir del Rito tradicional, de la Misa llamada de San Pío V.

-Particularmente porque había vacíos en la necesaria manifestación de la doctrina sobre la presencia real. El misterio de la Transustanciación se expresaba de modo ambiguo... como si la presencia real se pudiera confundir con o se equiparara a la espiritual... o a la Liturgia de la Palabra.

-Lo mismo con la verdad esencial de la necesidad indispensable del sacerdocio ministerial para que haya Misa (como lo ha recordado de nuevo el Santo Padre Juan Pablo II en su última Encíclica sobre la Eucaristía). La Misa no la celebra “el pueblo de Dios o asamblea de fieles reunida en nombre de Jesucristo” y cuyo presidente sería el sacerdote” como se afirmó el famoso el Art. 7 del Fundamento Doctrinario de la nueva liturgia... estos equívocos pueden eventualmente permitir una celebración inválida, cosa que difícilmente puede suceder con el rito multisecular

-Y luego, la noción de “sacrificio propiciatorio” es la definición misma dada por el Concilio de Trento; la Misa no puede ser sólo un sacrificio de acción de gracias: “Eucaristía”; no es sólo un sacrificio de alabanza sino esencialmente un Sacrificio Propiciatorio (como vimos, es la condición necesaria después del pecado).

Estas son 3 verdades fundamentales e imprescindibles al carácter católico de la Misa.

-Los cardenales Ottaviani y Bacci se hicieron eco de estas inquietudes y alertando sobre las posibles consecuencias funestas de lo realizado, (que lamentablemente con el tiempo se han realizado) presentaron un breve examen crítico del NOM al Papa, pidiéndole dos cosas:

Que no fuera abrogado el rito tridentino
Que de todos modos fuera dejado el libre uso a los sacerdotes de celebrar la Misa Tradicional.
- Desafortunadamente dicho documento sólo sirvió para que se recorrigiera el Art. 7 haciéndolo más conforme con la doctrina católica ya que era verdaderamente de tenor protestante. Inclusive el Card. Journet muy allegado al Papa, que lo hizo Cardenal, llegó a decirle: “Esta definición del Art. 7 de la Misa es herética”... ¿cómo se pudo hacer?

- A pesar de las altas instancias que se presentaron en ese momento no se hizo nada a favor del rito tradicional.

- Entonces, poco a poco, se organizaron grupos laicos en mayor o menor cantidad en diversas partes del mundo decididos a apoyarse en los sacerdotes que comprendían la necesidad de servirle a la Iglesia evitando, en cuanto estuviera de su parte, la extinción de un rito que en su esencia se remontaba a los apóstoles.

- Esta resistencia impresionó a la jerarquía. No esperaban ver esta reacción de fieles, que a priori son dóciles a las orientaciones romanas... pero en este punto crecen de más en más estas reacciones… el propio Cardenal Ratzinger ya advertía el fenómeno que se generaba y por otro lado fundamenta la reacción de pequeños grupos y que fue creciendo de más en más; en uno de sus varios textos sobre la Liturgia escribió:

" Tras el concilio Vaticano II se generó la impresión de que el Papa podía hacer cualquier cosa en materia de liturgia (...). Así fue como desapareció, en grandes zonas de la conciencia difusa de Occidente, la noción de liturgia como algo que nos precede y que no puede ser ´hecho´ a nuestro antojo. Pero de hecho, el concilio Vaticano 1º no pretendió definir en absoluto al Papa como un monarca absoluto, sino, por el contrario, como el garante de la obediencia a la palabra transmitida: su potestad se liga a la tradición de la fe, lo que rige también en el campo litúrgico (...). La autoridad del Papa no es ilimitada: está al servicio de la santa tradición ". (JOSEPH RATZINGER, Introducción al Espíritu de la Liturgia , Ediciones San Pablo, pág. 162.)

- De manera que el Papa, para detener este fenómeno creciente, debió intervenir. Lo hizo en el consistorio del 24 de mayo de 1976. Puso todo el peso de su autoridad pontifical para pedir a todos que fuera celebrada la Misa nueva.

- A pesar de esta insistencia del Soberano Pontífice, poniendo de presente su autoridad, la “Tradición” continúa; inclusive una diócesis, en Campos, Brasil, con su Obispo a la cabeza, manifiesta al Papa, con argumentos teológicos, su intención de mantener el rito tradicional y así pudo hacerlo oficialmente, sin que tuviera mayores inconvenientes para hacerlo, y sin replicas a su argumentación para tal resolución.

- Se llega a 1984 con la publicación de la “carta del indulto” “Quattuor Abhinc Annos”: Constatando el aumento de la reacción, Roma autorizaba al Ordinario del lugar a conferir un indulto a los sacerdotes y fieles que desearan mantener la Misa Tridentina. Pero ponía como condición no tener ninguna relación con la FSSPX si querían beneficiarse del indulto.

- Es claro que esto era fundado en condiciones tales, que se daba el indulto justamente a los que no querían la Misa. Era una simple concesión, provisoria, esperando la desaparición de la generación antigua que por nostalgia, se decía, aún se apegaba a formas litúrgicas superadas.

Pero la opción por el Rito Tradicional continúa creciendo en el mundo católico, en la medida que se hace evidente el deterioro de la Fe y la llamada “apostasía silenciosa” en grandes parcelas de la Iglesia, lo que no deja de inquietar a la Suprema Autoridad.

- Y en 1986, constatando el aumento del deseo de la Misa Tradicional, el Papa nombra una Comisión de Cardenales (esto sólo fue público en 1995 cuando el Card. Stickler dio una conferencia en EUA) haciéndoles dos preguntas:

¿Está abolida la Misa Tridentina?
¿Puede un Obispo prohibirle a un sacerdote, canónicamente en orden, decir la Misa Tridentina?
Y dice el Cardenal que 8 de los 9 cardenales habían reconocido que la Misa Tridentina no había sido abolida y que ningún obispo tenía la posibilidad jurídica y canónica de prohibirle a un sacerdote celebrar la Misa Tridentina y los sacerdotes no pueden ser obligados a celebrar el Nuevo Rito de la Misa.

Y más aún, en 1986 esta Comisión de Cardenales daba una solución de paz litúrgica proponiéndole al Papa reconocer la libertad, para todo sacerdote, de escoger entre la Misa Nueva y la Misa Tridentina.

El Sr. Eric de Saventhem, Presidente de Una Voce internacional, daba textualmente esta proposición:

“para cada Misa celebrada en lengua latina –con o sin fieles presentes- el celebrante tiene el derecho de escoger libremente entre el Misal de Pablo VI (1970) y el de Juan XXIII (1962)”.

-Era un gran avance si se compara esta propuesta de 1986 con las palabras del Pablo VI en 1976.

- Es el mismo Card. Stickler quien nos revela que esta propuesta suscitó una gestión -Lobby- de cardenales y personalidades del episcopado, francés en particular y de países de la cuenca del Rhin, que vinieron a ver al Papa diciéndole “sobretodo no permita esta libertad litúrgica, esa libre escogencia del ritual”.

- El Papa que había aceptado en principio la propuesta de la comisión debió retroceder... todo quedó igual.

- Luego en 1988, con ocasión de las consagraciones episcopales en Econe, aparece un nuevo texto: el Motu Proprio “Ecclesia Dei Aflicta”, quiérase o no, es un nuevo paso a favor de la Misa tradicional. El Papa pide que verdaderamente las autoridades locales, sean “amplios y generosos” en dar facilidades para la celebración de la Misa tradicional. Nacen varias comunidades llamadas de “Ecclesia Dei”.

- Pasan 10 años más y en la peregrinación a Roma de dichas comunidades en 1998, asisten a una conferencia del Cardenal Ratzinger en la que él pide que sea reconocida la Misa de San Pío V.

Poco a poco sus pronunciamientos y argumentos de este Cardenal a favor de la Misa Tradicional junto con los otros Prelados se hacen más claros, y frecuentes. Poco a poco regresa sobre el terreno la Misa Tradicional. Citemos sólo uno, entre varios, en el libro “Le sel de la Terre, p. 172-173” dice lo siguiente: “Ciertamente soy del punto de vista que se debería acordar mucho más generosamente a los que desean el derecho de conservar el antiguo Rito, por lo demás no se ve qué tendría esto de peligroso o inaceptable. Una comunidad que declara de un momento a otro estrictamente prohibido lo que para ella era hasta entonces lo más sagrado y lo más alto, o que se le presenta como siendo inconveniente la extrañeza que tiene de ello, se pone ella misma en cuestión ¿Cómo aún se le creerá? ¿No irá a prohibir mañana lo que hoy prescribe?..... Desgraciadamente la tolerancia con las fantasías es entre nosotros casi ilimitada, pero es prácticamente inexistente en relación a la antigua liturgia. Así, ciertamente se está en el mal camino.”

En enero del 2002, con la creación de la Administración Apostólica “San Juan Ma. Vianney” el Papa da un paso sin precedentes desde 1969 para el retorno de la Misa y no es ya como “una concesión pasajera y provisoria” sino claramente como un derecho que se les reconoce como “facultas” que el Santo Padre les da para celebrar el Rito Tradicional (será necesario que este reconocimiento se extienda a todos los que quieran conservar el Rito Tradicional. Los Padres de Campos, con el reconocimiento de su “facultas” para el Rito Tradicional, dependen pues de la Congregación para el Clero y no de la Comisión “Eclesia Dei”.

Que se reconozca el derecho de la Misa Tradicional y restaurarán la Iglesia, la familia, habrá fuerza para luchar contra la imposición del paganismo, del homosexualismo, del terrorismo... veremos la Proclamación del Reino de Cristo por la Misa Tradicional.

Renacerá el espíritu misionero, florecerán las vocaciones con el fortalecimiento de la familia Cristiana, habrá más que una esperanza de revertir la masacre legal de los niños no nacidos y de las personas que llegan a la tercera edad, habrá una esperanza próxima de la conversión de los enemigos de la Iglesia. Que se vuelva a la Misa Tradicional y el Sacerdocio Católico se verá restaurado en su plenitud. Que se dé de nuevo la belleza al culto debido a Dios y se verá en medio de la jerarquía, en medio del sacerdocio y entre los fieles, la santidad, la valentía de decir no al pecado o de reencontrar (en medio de las tentaciones y de la agresividad del satanismo) la fuerza de la perseverancia y de la penitencia comunicada por la gracia que fluirá con abundancia.

- El balance actual del retorno de San Pío V es positivo y permite ampliar la esperanza.

En ese análisis del Card. Stickler que escribe: “El Papa ha sido en un sentido... de más en más favorable a la Misa Tridentina y él no retrocederá, al contrario, irá adelante”.

De hecho se avanza luego en la Misa Tradicional celebrada el 24 de mayo de 2003 (otro el 24 de mayo muy distinto del de 1976) en la Basílica Santa Ma. Mayor se da un nuevo paso: Una declaración, en nombre del Santo Padre , en una Basílica Romana, un cardenal que ocupa un altísimo cargo (Prefecto de la Congregación del Clero y Presidente de la Comisión Ecclesia Dei”) afirmando que el antiguo Rito Romano conserva el derecho de ciudadanía dentro de la Iglesia y no se puede considerar extinguido

- Otras declaraciones (Ratzinger)

- Aniversario de la Congregación para el culto divino y los sacramentos en el que la alocución que hizo el Papa alabó el Misal de San Pío V por lo que el Osservattore Romano no publicó

- Encíclica del Papa “Ecclesia de Eucharistia”

- Documento Vaticano sobre la Represión de los abusos en la Liturgia

Parece evidente que en Roma se quiere y se camina para un retorno en la Iglesia de la Misa de San Pío V y se quiere una solución para la Misa y para los Sacerdotes y comunidades que están legítimamente apegadas a él; por la paz litúrgica y el bien de todos. Se avecina (y Dios quiera que sea la gran gracia que se obtenga antes de terminar este año Eucarístico que empieza en Guadalajara con el 48 Congreso Eucarístico) una solución global, general, como lo anunció el Card. Castrillón en reciente entrevista dada a “Latin Mass” que titula: “El Card. Castrillón Hoyos afirma que el Vaticano está preparando la publicación de una “garantía jurídica” para la Misa Tridentina.

Pero Roma está interesada en la creación de múltiples soluciones concretas, prácticas, para los casos y así mostrar (a quienes se oponen) que esto puede funcionar; esto ya existe algunos lugares sin que se haya afectado negativamente, muy al contrario, la Pastoral ni la unidad: Hay que multiplicar estas soluciones concretas.

Lamentablemente no se ve, en el conjunto del episcopado mundial, una correspondencia al deseo y a los pronunciamientos de Roma como sería deseable esperar. En muchos lugares aún subsiste el espíritu de los años 70s. Son frecuentes los casos en que los sacerdotes, aún con apoyo y recomendaciones desde Roma, ven obstaculizada su regularización, con las Iglesias locales, por querer conservar la Misa Tradicional. Personalmente conozco varios casos y en este momento reposa en manos los documentos correspondientes de un caso que ratifican lo dicho.

Un sacerdote que celebra la Misa Tradicional pide a Roma la autorización y manifiesta su deseo de estar en armonía con la autoridad de la Iglesia local. Tal y como Roma lo ha manifestado públicamente en reiteradas ocasiones. El Obispo, ordinario del lugar donde vive, le pide que resuma por escrito, su situación personal y sus deseos. Así se hace y recibe como respuesta el siguiente argumento que me permito extractar del documento omitiendo los nombres:

“Apreciado Padre:

“Por la importancia que tiene para la Iglesia Universal, la persona del Sacerdote, y sus actividades ministeriales, y según le comuniqué en días pasados, di a conocer al Colegio de Consultores (11/05/04), su firme decisión de permanecer fiel al Rito Tridentino, sus actividades y su propuesta (01/04/04), y el Colegio concluyó lo siguiente:

Se consideró la carta fechada en Roma el 8 de marzo de 2001, en la cual el Eminentísimo Señor Cardenal Darío Castrillón Hoyos, Prefecto de la Sagrada Congregación del clero y Presidente de la comisión ECCLESIA DEI, donde pide al Señor Cardenal de nuestra Arquidiócesis de XX, NN, como “Obispo benévolo” estudie la posibilidad de acoger en la Arquidiócesis al Sacerdote NNN. A lo que el Señor Cardenal NN, manifestó de manera verbal que no era necesario ni conveniente establecer el Rito Tridentino en la Arquidiócesis de XX y por ende tampoco era oportuna la creación de una “parroquia personal”.
.....
Al hacer una consideración pastoral sobre la realidad de nuestra Diócesis, se vio que la Pastoral y la Liturgia según el rito de San Pío V (Misa Tridentina), aunque tiene la anuencia de la Iglesia Universal, no ayuda a fomentar y consolidar la unidad y comunión, tan importantes para esta Diócesis....” (el negrito es mío)
De manera pues que la Misa Tridentina “no es conveniente ni oportuna”, “ni ayuda a fomentar y consolidar la unidad y comunión” tan importantes para este cardenal y este obispo que así responden; pero, eso sí, no dejan de fomentar esta unión y comunión con el desfile frecuente de prelados a las sinagogas para celebrar los ritos que fueron la prefigura del Rito Católico. La Misa a la que asistieron los santos de toda la Iglesia, aunque “tiene la anuencia de la Iglesia Universal”, no es conveniente; pero sí los ritos paganos que con frecuencia se ven en nuestros templos católicos, como recientemente sucedió en la Capillita de las apariciones de la Virgen de Fátima, cosa que siendo tan frecuente en otras partes ha dejado de ser noticia. Pero ¿de qué comunión y de qué unidad están hablando?... ¿A qué criterios obedecen las directivas pastorales de ciertos obispos?... Lo que se constata es que, dichos criterios, no coinciden con la Tradición católica ni con lo manifestado públicamente por la Autoridad de la Iglesia.

Pero la Providencia se continúa manifestando por el reconocimiento del Derecho imprescriptible del Rito milenario:

8 de Septiembre 2006: El Papa Benedicto XVI otorga un grande y hermoso regalo a Nuestra Señora en el día de su cumpleaños. Ha sido erigido canónicamente el Instituto del Buen Pastor (IBP), como Sociedad de vida apostólica de Derecho Pontificio, reuniendo sacerdotes, con la triple Misión de promover una crítica constructiva al Concilio, que permita finalmente al Papa dar una interpretación auténtica a sus documentos, de erigir parroquias personales para celebrar el rito Gregoriano, como rito propio y exclusivo conservando todos los libros litúrgicos vigentes en la Iglesia el año 1962.

Presentamos lo que es realmente la índole del Instituto del Buen Pastor.


El IBP, como Obra de Iglesia, nace providencialmente obedeciendo a una necesidad espiritual de la cristiandad actual. Ya se puede entrever, en su corta existencia canónica, el modo de actuación de la Providencia en el corazón de la Historia de la Iglesia; con una gracia específica (con su carisma propio como hoy se diría) Dios ha suscitado un medio visible, entre otros, de transmisión, continuidad y permanencia de lo inmutable; el IBP hace hoy de puente entre el pasado y el futuro para que las próximas generaciones, beneficiándose de lo permanente del pasado, puedan acrecentar con su aporte la Gloria de Dios y la salvación de las almas. El Rito Gregoriano (o Tridentino) no es más una tolerancia o una permisión dada por indulto; es un derecho reconocido como “derecho propio y exclusivo”

Todo esto no puede dejar de sugerirme una reflexión sobre algunos sueños de Don Bosco, las apariciones de Fátima y particularmente la publicación de la visión del tercer secreto dada por los Card. Sodano y Ratzinger.


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ESQUEMA:
Creación para comunicar la felicidad de la vida intima de las relaciones Trinitarias. P. Original – A.T.- N.S.J.C.- última Cena- 3ra. Misa
Fin Último que se realiza en la comunión (unión de la criatura con el Creador- para ser feliz como Dios es feliz. Transformar en Dios, trinificar ----- de esa verdadera transformación de las especies
Fátima y la Eucaristía: Misterium Fidei

------. Tercer Secreto visión: Triple caída y

------ en zigzag lento del Suel

----- Sueños de Don Bosco: Barca, Salida y regreso a Roma 180 salidas de sol

Noción de Sacrificio: Sacrum facere

Latréutico

4 fines Eucarístico

Impetratorio

Propiciatorio. Oblación y P. Original y propiciación

Sacerdocio deputado su orden al sacrificio



Rito: que ---- explícita la razón del Sacrificio

Def. expresada la Fe: Noción de Revelación ---- Fe: -----

Noción de Revelación Moderna --- Fe: -----

Rito Revelado en figura A.T. Sacrificios Propiciatorios

Miqueas. Moisés Ataba una Nueva y Eterna Alianza ---------------------

Realización de las Figuras. El Sacrifico: Nuevo y Eterna Alianza en la Sangre de NSJC Misterios de Nuestra Fe Transustanciación
La ----------- y luego 20 en transformación de las especies

Rito Romano que en los 5 últimos siglos se le llama Rito Tridentino o de San Pío V pero que en realidad en su núcleo esencial remonta a los Apóstoles

“Es menester vivir como se piensa, so pena de terminar pensando como se vive”
Llega a 1969 – Se presenta un Nuevo Rito, Nueva Misa que al decir el Mons. Klaus Gamber en una de sus publicaciones sobre la Reforma Litúrgica ------------ por varios prelados y 3 cardenales, Oddi, Stickler y Ratzinger no fue el producto ni tiene sus raíces en la tradición --- evolución enriquecedora sino que fue una fabricación por “expertos” que en él proyectaron la Nueva Teología de que estaban involucrados. El Card. Ratzinger llega a llamarlos “fabricación de un nuevo rito”, hecho sin precedentes en toda la historia de la Iglesia desde ---- hasta nuestros días.
Voluntad cada vez más clara de liberación y el retorno del Rito Tradicional. ----------

Rito Católico de la Santa Iglesia de Jesucristo: Orígenes de los Misales Romanos desde el Medioevo hasta la codificación de San Pio V y los del s. XXI


Missale Romanum es el libro litúrgico según el rito romano que contiene todas las ceremonias, oraciones, lecturas y rúbricas para la celebración de las oraciones para la celebración de la Santa Misa.

Se le llama misal romano, porque es el oficial de la Iglesia católica y consta de tres partes: el ordinario de misa, con las oraciones de cada día, el santoral y las misas votivas, y misas de difuntos. Aunque escrito en latín, la lengua oficial de la Iglesia, ha sido aprobado por todas las Conferencias Episcopales católicas una versión en la lengua vernácula.

Mucho antes de la Alta Edad Media, varios libros se utilizaron para la celebración de la Misa: el sacramental con el Canon, las oraciones y el leccionario. Poco a poco, los manuscritos incorporaron todas estas partes en uno o más libros en su conjunto. En esos libros se llama Missale pleno, es decir, el despido Plenario completa.

La codificación definitiva de los misales se impusieron a partir de 1570, por iniciativa del Concilio de Trento. Salvo pequeñas reformas a lo largo de los siglos se utilizó el mismo misal hasta el Concilio Vaticano II, incluso durante este. Desde este Concilio y hasta 1969 se introdujeron reformas graves que impulsaron la adopción de la reforma bajo Pablo VI. Las reformas que sufrió afectaron al ordinario de la misa: ofertorio, fracción y comunión, y también a las lecturas especialmente a las de los Domingos y festivos. Además de la aparición de las lenguas vernáculas, surgiendo ediciones bilingües.

También se consideraba al misal como un libro de piedad, para uso de los feligreses. Este era de menor tamaño y contenía las misas del año o solamente las de los Domingo y festivos.

Actualmente, y en virtud del Motu Propio Summuorum Pontificium, pueden usarse, tanto el Misal promulgado por San Pío V, y revisado por el Beato Juan XXIII (que es característico de la misa con el rito extraordinario, en la lengua oficial de la Iglesia Católica, que es el Latín), o bien, el Misal Romano de Pablo VI, conocido como "Novus Ordo Missae" (que es característico de la misa con el rito ordinario, en lengua vernácula)

Tras la crítica hacía la reforma del misal de 1969, o misal de Pablo VI, que preparó un grupo de teólogos encabezados por el arzobispo Marcel Lefebvre y que hicieran suya en su momento los cardenales Bacci y Ottaviani: conocida este texto como Breve examen crítico del Novus Ordo Missæ o intervención de Ottaviani la que fue ignorada por Pablo VI y ocultada por la curia Romana.