sábado, 12 de abril de 2008

La Comunión con Roma: Más preciosa que la Vida

S
Sencillamente no hay excusa. Estar radicados (radix) en Roma (al margen de todos los escollos que perviven, de las confusiones que todavía no se disipan y de vivir en el Continente de la Desesperanza, donde los buenos vientos de Roma demoran en llegar veinte años) es la única garantía que nos preserva de caer en una plétora de males.

No sólo por la promesa de Nuestro Señor a Pedro, que nunca prevalecerían sobre él las Puertas del Infierno -promesa inédita en el Evangelio, quizá indicando que sobre muchos, quizá sobre todos, prevalecerá la maldición en los tiempos aciagos-, sino porque las Viejas Herejías, las Herejías de Siempre mejor dicho, vienen de izquierda y derecha, de arriba y de abajo, y amenazan con llevarse entre sus fauces a cualquier incauto.

El misterio de la Apostasía es tan fascinante como el misterio de la Conversión, quizá más. Mucho de Europa fue llevada al Matadero por mano de sus Pastores y donde se celebraba cinco años antes la Liturgia de la Iglesia podía verse después a un par de señores en tules improvisando un psicodrama con galletas, danzas y gueys trotskistas (vámonos para Holanda) Eso fue un Misterio. Algo que empezó en Bien, con el objeto de remediar crisis, de responder a Males, y acabó hasta empezando Mal. Y el camino a la Europa Poscristiana fue tapizado con cráneos de clérigos y fieles buena-gente.

Y en esos -que fueron como nosotros, que fueron nosotros - debemos mirarnos.

Sin Roma, caemos en el gnosticismo. En un conocimiento herméticamente sellado, intangible, superior a cualquier cosa, hasta a Cristo. En una abominación de la Tradición -¿quién está libre?- convertida en Gnosis Salvífica, que -como la Vieja Sierpe Cátara- nos asegurará salvación aun a pesar de las vidas licenciosas y de las caridades inexistentes. Casos ya hay y muchos. De quienes creen que por el sólo hecho de saber que la Iglesia está en crisis, que tales cosas pasaron y tales otras fueron olvidadas, por alguna manera misteriosa alcanzarán la visión beatífica, a pesar de todo...

De todo...

Veamos el caso del raskol ruso, que quizá pudo empezar como la protesta siempre acallada del pueblo cristiano contra un Patriarca insolente y positivistón, en la Rusia que copió los males de los Griegos. ¿Pero en qué acabó? En el sectarismo, en la abolición del sacerdocio, en las locuras de los mutilados y en la Vieja Vuelta Eterna del Gnosticismo, que sirvió para que algunos se ceben en abominaciones, creyendo en la Lógica del Diablo.

A uno puede darle pena lo que ocurrió en Asís. Sentirlo como si de nuestra madre se tratara. Porque a fin de cuentas de Nuestra Madre se trata. Pero hay gente que medita con algazara estos sucesos, que se regodea y que incluso le gustaría que ocurriesen de nuevo, porque por la Lógica Gnóstica Carnavalesca del Diablo, creen que a más "apostasía de Roma" más salvación para ellos, a pesar de todo...

De todo...

Roma es nuestro lazo con la Historia
. Ninguna confusión puede durar tanto. Que ha habido interferencias, infiltraciones, mafias y conspiraciones, las ha habido. Que Dios permitió como prueba a la Iglesia la Debilidad de algunos Grandes, sí. Pero nada justifica el Cisma. Nunca. Estados de necesidad pueden haber, pero nunca tan grandes, tan prolongados como para desfigurar tanto al Cuerpo Místico de Cristo y desmentir de esa manera sus Santas Promesas.

Roma es nuestro lazo con la Historia. Sin él flotamos a la deriva y acabaremos no sé dónde. Quizá despertando algún día al lado del Emperador Diocleciano o llegando a la casi communio in sacris con algún sufí guenoniano, por la paradójica puerta de la Derecha.

La comunión con Roma es más preciosa que la Vida, llegó a decir Lord Acton, un hombre muy equivocado en muchas cosas y muy acertado en otras, entre ellas ésta... Y sólo esta idea lo preservó de caer en el abismo al que se acercó tanto, el abismo en el que se hundiría el Padre Döllinger, tan erudito y celebrado.

Recordemos dos cosas antes de dormir, siempre: una, el Acto de Contrición, otra, que la comunión con Roma es más preciosa que la Vida.



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El Sacristán Serrano: Hoy Más que Nunca con Benedicto XVI, 12/ 7/ 2007
NOTA: Por problemas en Fotolog, desearìamos que nos respondieran atraves de blogspot...