domingo, 27 de abril de 2008

Oración a Nuestra Señora del Carmen en Acto de Desagravio


¡Oh Virgen Santísima del Carmen! Llenos de la más tierna confianza, como hijos que acuden al corazón de su madre, nosotros venimos a implorar una vez más, los tesoros de misericordia, que con tanta solicitud nos habéis siempre dispensado.
Reconocemos, humildemente, que uno de los mayores beneficios que Dios ha concedido a nuestra Patria, ha sido señalaros a Vos por nuestra especial Abogada y Protectora. Por eso, a Vos clamamos en todos nuestros peligros y necesidades, seguros de ser benignamente escuchados. Vos sois la Madre de la divina gracia, conservad puras nuestras almas; sois la Torre poderosa de David, defended el honor y la libertad de nuestra Nación; sois el Refugio de los pecadores, tronchad las cadenas de los esclavos del error y del vicio; sois el Consuelo de los afligidos, socorred a las viudas, a los huérfanos y desvalidos; sois el Auxilio de los cristianos, conservad nuestra fe y proteged a nuestra Iglesia, en especial a sus obispos, sacerdotes y religiosos.
Desde el trono de vuestra gloria , atended a nuestras súplicas, ¡oh Madre del Carmelo! Abrid vuestro manto y cubrid con él a esta República de Chile, de cuya bandera Vos sois la estrella luminosa. Os pedimos acierto para los magistrados, legisladores y jueces; paz y piedad para los matrimonios y familias; santo temor de Dios para los maestros; inocencia para los niños, y para la juventud cristiana educación. Apartad de nuestras ciudades los terremotos, incendios y epidemias; alejad de nuestros mares las tormentas y dad la abundancia a nuestros campos y montañas. Sed Vos el escudo nuestros guerreros, el faro de nuestros marinos y el amparo de los ausentes y viajeros. Sed el remedio de los enfermos, la fortaleza de las almas atribuladas, la protectora especial de los moribunos y la redentora de las almas del Purgatorio.
¡Oídnos, pues, Madre Clementísima! Y haced que, viviendo unidos en la vida por la confesión de una misma fe y la práctica de un mismo amor al Divino Corazón de Jesús, podamos ser trasladados de esta patria terrenal a la patria inmortal del Cielo, en que os alabaremospor los siglos de los siglos. Amén.