martes, 25 de marzo de 2008

La Iglesia necesita sacerdotes que vivan auténtica obediencia, recuerda Obispo peruano

sobre Martes 25 Marzo 2008 por María Angel

Mons. Kay Schmalhausen

El Obispo Prelado de Ayaviri, en el sur andino del Perú, Mons. Kay Schmalhausen, recordó que la Iglesia necesita sacerdotes disponibles, obedientes y de intensa vida espiritual.

En la Misa Crismal celebrada en su Prelatura, el Obispo recordó a los sacerdotes que su vida “debe estar orientada a reproducir el modelo supremo, que es Jesucristo. El sacerdote ya no vive en función de sí mismo, ni ha sido consagrado para realizar su propia voluntad”.

El Prelado precisó que la obediencia sacerdotal es la primera nota característica de la vida sacerdotal y explicó que solo viviendo así “seremos auténticamente libres, nuestro ministerio fecundo para el Reino, y nuestra vida sacerdotal feliz y verdaderamente plena”.

Mons. Schmalhausen advirtió que “no sorprende que el mundo de hoy, sometido al secularismo y a lo que se ha llamado la civilización de la acedia no solo no sea capaz de asumir esta lógica amorosa y oblativa de la obediencia, sino se rebele francamente contra ella y vea en la obediencia un sinónimo de opresión”.

El Obispo lamentó que “el influjo de esta perspectiva mundana y falaz” se deje “sentir no pocas veces dentro del cuerpo eclesial cuando en ciertos ámbitos del mismo se dan el espíritu de contestación; el abierto de disenso con relación al Magisterio; la formación de grupos de presión que buscan arrinconar a los Obispos; las acciones u organizaciones al margen de los legítimos Pastores; la búsqueda de ‘consensos débiles’, que imprimen un espíritu de mediocridad en la vida eclesial; los proyectos pastorales o eclesiales que intentan erigir nuevas ideologías totalmente ajenas al evangelio y al sentir de la Iglesia, como ídolos a los cuales rendir culto. Todo ello para escándalo y confusión de los fieles”.

Para el Obispo, “tales procedimientos ponen de manifiesto en quienes los propugnan una asimilación totalmente inmadura del espíritu de Cristo” y “parecen poner de manifiesto una vez más la acción oscura del Maligno, y reeditan el misterio de la pasión del Señor, ahora como pasión de la Iglesia, que completa en su cuerpo los dolores y sufrimientos de quien es su Cabeza”.

Mons. Schmalhausen recordó a los sacerdotes que “la obediencia auténtica aprendida del corazón del Maestro –aquella que libera al ser humano de sus ataduras, egoísmos, soberbias, caprichos, rencores, complejos, o de cualquier otra clase de sometimiento al mal– brota en el fondo siempre de un corazón purificado en el encuentro con Jesús”.

Precisó que “la vida espiritual es medular en el sacerdote, para su propia salud y en orden a su ministerio y testimonio. Su ausencia trae gravísimas consecuencias: lo vemos demasiadas veces. Solo ella asegura en el sacerdote un amor fiel y generoso, un corazón indiviso, una entrega total a la Iglesia”.

En este sentido, señaló que “el celibato, lo sabemos bien, es un inmenso don para la Iglesia. Verdaderamente hace al sacerdote libre para un servicio universal; abre su corazón a las necesidades de todos los fieles; nos capacita para una entrega sin cálculos ni medidas”.

“La Iglesia no puede permitir entre sus hijos sacerdotes una doble vida, que daña gravemente el cuerpo eclesial y a la par quita credibilidad a sus ministros (…) Por eso, queridos hermanos, que se nos reconozca como sacerdotes, por la integridad de nuestras costumbres, y que lo dejemos ver también en nuestro exterior”, afirmó.

La Prelatura de Ayaviri comprende tres provincias del sureño departamento de Puno. Abarca un territorio de 32 mil kilómetros cuadrados cuya altitud varía entre los cinco mil y los 500 metros sobre el nivel del mar. Su clima va del aire gélido y seco del altiplano a la humedad cálida, con temperaturas que de acuerdo a la estación y lugar pueden bajar hasta 20 grados bajo cero, o subir a los 40 grados.

Aproximadamente el 90 por ciento de los habitantes son quechuas. Las vías asfaltadas casi no existen y la mayoría de la población vive en una economía de supervivencia.