domingo, 30 de marzo de 2008

Tradiciòn que no se pierde... Viva Cristo Rey!!!

La fiesta del Cuasimodo es una costumbre única y particular del Chile central. Esta celebración del mundo Católico chileno fue definida por el Papa Juan Pablo Segundo como “Un verdadero tesoro del pueblo de Dios”. Por segundo año acompañé a los Cuasimodistas de San José de Maipo en su cabalgata a lo largo del Cajón del Maipo. Es sobre las impresiones vividas en estas horas de unión y fe sobre lo que deseo escribir para nuestros lectores.

Una fiesta o ritual adquiere significado cuando los participantes se involucran en forma profunda. Es decir, son las convicciones las que llevan a la acción y no simplemente el cumplir con una costumbre. Varias fiestas que tenían profundo significado en el pasado han ido perdiendo el mismo a lo largo de los años, especialmente porque a menudo la esencia se ha ido reemplazando por un mensaje netamente comercial. Un buen ejemplo lo constituye la Navidad. Si bien aún tiene un importante significado para el mundo Cristiano, toda la presión comercial ha tendido a ahogar el mensaje verdadero.

Un altar familiar en El Manzano esperando al Sacerdote

Por suerte aún existen muy buenos ejemplos de tradiciones que mantienen su significado profundo. Es el caso de la Fiesta de La Tirana o la celebración de San Pedro en nuestro litoral. También es el caso del Cuasimodo. Si uno lo piensa, el origen es sencillo y puro: llevar la eucaristía, expresión de la comunión con Cristo, a las personas enfermas que no pudieron ir a misa el Domingo de Resurrección. Pero no es solo el Sacerdote el que lleva la Comunión a los enfermos. Es el Sacerdote acompañado por los miembros de su Parroquia, los que se han transformado en “soldados de Cristo”. Así que en la misma ceremonia existe también una reafirmación del sentido de comunidad y unión entre los integrantes de la parroquia.

En una comuna rural como San José de Maipo, la vida está profundamente entroncada con la tierra y el medioambiente. La vida en el Cajón está ligada a la montaña, los ríos, los valles y los caballos. Cada uno de estos elementos es parte esencial del todo que forma la vida en este valle Cordillerano. La fiesta del Cuasimodo es aquí por lo tanto una reafirmación de la fe Cristiana como también de los lazos entre la comunidad y los lazos entre los hombres y la tierra. Participan de esta comunión tanto los enfermos y sus familias que han levantado pequeños altares en espera de la eucaristía, los cabalgantes y participantes de la procesión y los demás integrantes de esta gran actividad que transcurre entre las montañas.

Este año desde muy temprano se comenzó a reunir el grupo a la vera del puente El Manzano. A medida que la claridad aumentaba y los primeros rayos de sol iluminaban con oro los picachos de piedra de las Torrecillas se fueron juntando Cuasimodistas en bicicleta, en vehículo y a caballo. Todos con sus mejores atuendos y muchos de ellos con pañuelos y esclavinas en los colores papales.

  1. Dando la Comunión en El Manzano

En un momento dado llegó nuestro Sacerdote, padre Héctor Llanos, acompañado por el diácono Gabriel. Ambos montaron al birlocho Parroquial tirado por dos hermosos caballos y el todo primorosamente arreglado con guirnaldas y flores. Cerca de las ocho y media de la mañana se inicia la procesión, llevando primero la eucaristía a dos familias cercanas al puente y siguiendo luego hacia el Manzano.

Cuando la comitiva completa partió, la hilera total sobrepasaba con facilidad el kilómetro. Abre la procesión el campanillero, que con su sonido señala la cercanía del Sacerdote. Al campanillero lo escoltan dos huasos con banderas. Uno lleva la bandera Chilena y el otro la bandera del Vaticano. También otro huaso lleva el pendón de los Cuasimodistas del Manzano. Sigue el birlocho de la Iglesia, tras el cual va la larga columna de huasos a caballo. Al final de la cabalgata viene el camión con el coro parroquial, el que con sus cantos y música anima y alegra a toda la columna. Van cerrando los Cuasimodistas en bicicleta y los demás camiones y automóviles que completan esta fiesta de alegría y fe.

En varias partes se detiene la columna, el campanillero acompañado por los bandereros se acercan a los altares de la vera del camino y resguardan a nuestro Sacerdote mientras él se acerca a dar la eucaristía. No es simplemente un acto formal. Vi a cada huaso actuar con la misma seriedad y concentración con la que actúa la Guardia Suiza del Vaticano. También la ceremonia misma de la eucaristía tiene la solemnidad que podría tener en el templo más importante de la Cristiandad.

En el trayecto hacia San José de Maipo hay dos momentos de relajo y descanso. El primero es en El Quillayal, al lado del casa Bosque. Los caballos descansan un instante y los jinetes pueden recuperar aliento. Aquí uno puede observar que hay jinetes de los siete a los setenta años, hombres, mujeres, niños y niñas. Cada uno con total conciencia de la importancia de lo que hacen, cada uno aprendiendo de la riqueza de esta tradición.

El birlocho y el camión en Guayacán

El siguiente momento de descanso es el desayuno en Guayacán. Aquí nos ofrecen jugo y empanadas gente de Vertientes, esto por la generosidad de participar y colaborar al éxito del emprendimiento. También participaron de este desayuno los Carabineros en moto que escoltan a la columna para asegurar el desplazamiento libre de la misma. Ya se acerca la parte culminante de esta fiesta. Así que se revisan monturas, cinchas y arreos. Los ciclistas preparan mejor sus bicicletas y los automóviles perfeccionan sus engalanaduras. Para que decir del Coro Parroquial, este junta fuerzas para animar a los Cuasimodistas para la entrada a San José.

A estas alturas yo ya estaba arriba del camión del coro. La entrada hacia San José, por la larga recta que conduce al pueblo fue un espectáculo maravilloso. Luego se enfiló hacia la población La Victoria y el Hospital Sanatorio. En el mismo se dio la comunión primero frente a un hermoso altar y luego en las diferentes salas donde había pacientes que no pudieron salir de sus lechos de enfermo.

  1. En el Hospital Sanatorio

Después del Hospital la procesión siguió avanzando por varias calles del pueblo llevando el consuelo de la fe a los que lo necesitaban. A estas alturas me fui a la plaza para esperar la llegada de los Cuasimodistas a nuestra Iglesia Parroquial.

Fue solo después de la una y media de la tarde que el birlocho, precedido por el campanillero y sus escoltas a caballo, entraron al galope a nuestra plaza. Numeroso público los esperaba, incluyendo a no pocos turistas nacionales y extranjeros que vinieron a compartir estos momentos mágicos. Una vez llegado el birlocho frente a la Iglesia, descendió nuestro Sacerdote y él entró para iniciar esta misa tan especial.

  1. La entrada a San José

Igual que el año pasado, las primeras plazas se reservaron para los Cuasimodistas. La ceremonia incluye ofrendas de pan, frutos de la tierra y productos típicos de nuestra zona. Es la ofrenda y unión de lo terrenal y lo divino. Un momento sumamente hermoso fue cuando se bailó un pie de cueca en homenaje a nuestro Señor.

Si la misa en sí es un acto de meditación y reafirmación de la fe, esta misa del Cuasimodo es además una expresión de la unión de los fieles de la Parroquia entre sí y con los elementos de la tierra.

La tradición del Cuasimodo es parte integral de nuestra tierra. Fue una alegría compartir nuevamente con todos los que aquí estuvieron. Fue una alegría aún mayor ver a muchos jóvenes que serán a futuro los continuadores de “este verdadero tesoro del pueblo de Dios…”

  1. El coro Parroquial en el Hospital Sanatorio

  1. La señora Otilia en la primera lectura

  1. Un aspecto de la misa del Cuasimodo

Prof. Roberto Román L.

Universidad de Chile

http://www.fotolog.com/mundo_catolico

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